Un recorrido por una cooperativa de cartoneros autogestionados sin precedentes en Escobar

Un recorrido por una cooperativa de cartoneros autogestionados sin precedentes en Escobar

La Cooperativa 18 de Abril nació hace apenas unos meses en Maschwitz y ya cuenta con cerca de cincuenta recicladores y recicladoras en el distrito. Crónica de organización, lucha por trabajo y autogestión.

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Leonor Larraburu trabajaba en los noventa en una fábrica de productos de limpieza. Hacía 16 horas por día y a veces, la obligaban a quedarse más tiempo. A fines de la década, la echaron y se quedó sin una fuente de ingreso para sus ocho hijos. Decidió salir a pelearla a la calle. Todos los días se tomaba, desde el partido de Escobar, el tren Mitre que va de la localidad de Capilla del Señor a la estación de Victoria, para después hacer la combinación hasta Retiro. Viajaba a las cuatro de la mañana y volvía en el último horario, a las doce de la noche. Pero nunca sola: iba con un grupo de compañeras y compañeros, y todos llevaban consigo carros para recolectar los residuos sólidos de la Ciudad. Leonor pasó por todas las etapas como recicladora: empezó como carrera independiente, viajó en el Tren Blanco, la línea especial del ferrocarril para cartoneros, y también vivió el traspaso al servicio de camiones. Hoy, con 36 años, se encuentra dentro del sistema de reciclado de Capital y maneja una de las etapas en el barrio de Saavedra. Tiene alrededor de 400 personas a su cargo. Y no solo eso, sino que a partir de marzo de 2017, organizó en la comuna de Escobar la Cooperativa 18 de Abril. Y a través de ella, empezó a implementar un sistema de recolección autogestionado sin precedentes en el municipio de zona norte.

“Actualmente somos más de cincuenta compañeros y compañeras organizados. Intentamos hacer asamblea cada quince días porque consideramos que lo más importante es estar unidos”, explica Leonor sentada en el galpón de la Cooperativa que queda en Escobar. A su alrededor, recicladores y recicladoras cargan y descargan distintos residuos de los camiones. Mientras trabajan, hacen zigzag entre los materiales acopiados en el suelo: plástico, nylon, film, vidrio, papel blanco. En el lugar, usan dos prensas -una grande y otra más chica- que ahora están llenas de cartón. Allí, preparan los fardos que luego venden a las empresas que mejor paguen. “Uno de los beneficios de ser un colectivo es que si vendemos juntos, el precio al que nos compran es más alto -comenta Leonor, y continúa- Por eso uno de los objetivos es que todos los carreros que son independientes puedan implementarse en nuestro sistema”. Mientras toma mate, cuenta que el depósito es donde se clasifica y se prepara para la venta lo que fue recolectado, pero que además sirve como oficina de la organización. Y agrega que, por ahora, la zona donde la 18 de Abril realiza la recolección es en la localidad de Maschwitz.

Leonor, como la mayoría de los recicladores que viven en zona norte, trabaja en el sistema de reciclado de la Ciudad de Buenos Aires, formado por doce cooperativas de cartoneros que pertenecen al Servicio Público de Higiene Urbana desde 2002. La recolección allí está dividida por etapas en los distintos barrios porteños y ella maneja un grupo de personas que trabaja en Saavedra. Los grupos de recolectores se dividen por cuadras, pasan puerta por puerta a buscar los residuos sólidos y lo acopian todo en un bolsón en una esquina. Después, un camión lo retira y lo lleva a los Centros Verdes donde se clasifica la basura y se arman los fardos para la venta. “Para conseguir esos derechos hicimos marchas a Plaza de Mayo, acampes, manifestaciones. A través de nuestra lucha hubo cosas que evolucionaron para bien”, dice Leonor. Y agrega: “Esas victorias que conseguimos en Capital son las que queremos repetir acá”. Ella confiesa que ya no sirve para tirar un carro y recuerda los nombres de algunos compañeros y compañeras suyos a los que “se les fue la vida” por salir a juntar basura con la carreta al hombro. “No es una locura por lo que se pelea: es por lo menos enseñar lo que es la normalidad”, explica.

 -¿Cuál sería esa normalidad?

-No trabajar debajo de la lluvia, que no haya un desgaste físico extremo y dejar de ser un excluido -contesta ella, y antes de agregar algo, se inclina en la silla- Encima de tener que llevar todo el peso en la espalda, nosotros también tenemos que aguantar ser verdugueados constantemente por las fuerzas de seguridad en la calle. Queremos que se termine.

Una de las cooperativas que recolecta en capital es la Asociación Civil El Amanecer de los Cartoneros, que forma parte del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). La 18 de Abril también pertenece al MTE y la organización fue una de las que ayudó en la creación del colectivo. En marzo y en abril de este año colaboró en el evento “Reciclado en nuestras manos”: fue la actividad de difusión sobre el nacimiento de la cooperativa. Se reunieron los hombres y mujeres en la plaza principal de Maschwitz, repartieron volantes y trataron de informar a la gente sobre el reciclaje y la educación ambiental. “Hace dos semanas terminamos todos los papeles y conseguimos la matrícula definitiva como cooperativa”, cuenta Diego Asproni, militante del MTE. Ahora el objetivo es obtener el reconocimiento de la municipalidad de Escobar. Hasta el momento mantuvieron reuniones con los ministerios de Medio Ambiente e Industria. Pero creen que lo principal es una audiencia con el intendente Ariel Sujarchuk. Consideran que le están prestando un servicio al municipio y aseguran que no quieren pedir sueldos, sino un uniforme de trabajo y una credencial oficial. “Lo ideal es que todo el partido recicle y tenga trabajo. Y que en un largo plazo -y por lo bajo susurra “corto”- la comuna llegue a tener su propia planta recicladora”.

“Sería un logro también que la Municipalidad utilice los medios que tiene para educar sobre la importancia del reciclado y que le sugiera a los vecinos y a las vecinas que hagan una clasificación previa sobre los residuos”, apunta Trinidad González, que milita junto a Diego en el MTE. De cualquier manera, los trabajadores y las trabajadoras de la 18 de Abril implementaron su propia forma de difusión: organizaron un grupo de ocho mujeres para hacer recorridos de concientización en el distrito. Ellas pasan puerta por puerta y van a los negocios y a los grandes generadores de basura para que las personas conozcan a los y las integrantes de la cooperativa que recolectan diariamente. Esta forma de comunicación no es nueva: en el partido de San Martín, la cooperativa Nueve de Agosto también tiene un conjunto especializado de este tipo que cumple con la tarea de explicar por qué y cómo separar la basura.

“Hay mucha gente que se está quedando sin trabajo y se termina volcando a salir con el carro a la calle”

“Es una linda sensación tocar la puerta y que te conozcan”, dice Jesica, una recicladora de Maschwitz. “Te hace sentir bien y cómoda”, agrega Ángela, otra compañera. Las dos fueron vecinas y amigas de toda la vida. A los quince años empezaron a ir con sus carros hasta la Ciudad de Buenos Aires a recolectar residuos. Después, clasificaban lo que habían juntado y lo vendían a la empresa GOMITA. “En ese momento era la única que nos compraba”, recuerda Ángela. Ahora, desde el funcionamiento de la 18 de Abril, ellas pasaron a formar parte del sistema de recolección de Escobar: como en la Capital, cada compañero cubre cuatro cuadras y junta todo en un bolsón que deja en una esquina. Después, los camiones levantan lo acopiado. Esa es la normalidad de la que habla Leonor. Y Ángela y Jesica coinciden en que la líder de la organización es la principal responsable de la nueva forma de trabajo. “Que no te sorprenda si escuchas que muchos cuando la llaman le dicen má -comenta Jesica y se ríe- Es verdad que es el alma y el cuerpo de esta lucha. Ya está en su nombre: una leona”.

“Nos parece importante marcar la coyuntura actual en la que se está desarrollando esto. Hay mucha gente que se está quedando sin trabajo y que se termina volcando a salir con el carro a la calle”, dice Ignacio, otro compañero de Diego y de Trinidad del MTE. Y Leonor complementa su frase y al mismo tiempo afirma -tal vez sin quererlo- lo que dicen sobre que ella es la madre de todos: “Un despedido es una persona más en la economía popular. Una mujer o un hombre que tenemos que cuidar y organizar para poder seguir peleándola”.

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