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“En un momento pensás que tus hijos nunca van a dejar el chupete, o que nunca va a aprender a leer y escribir, pero después te das cuenta que las cosas de alguna manera pasan”. En diálogo con El Argentino ZN, Gabriel “Gabichu” Wisznia, cantante de Los Raviolis, suelta la frase mientras recorre las canciones que integran “¿Por qué no te mandé al Turno Tarde?”, el primer disco del grupo. Lejos del idealizar el doble rol de padre y músico, más cerca de la catarsis y la autocrítica, con el humor como arma y el respeto como lema, el grupo logró un presente formal y exitoso, algo impensado si nos remontamos cinco años en el tiempo, donde todo comenzó en un encuentro casual.

La iniciativa fue de Silva Taboada, la directora del Jardín de Infantes público Margarita Ravioli, ubicado en el corazón de la Capital Federal. Con la idea de realizar un acto para  homenajear a las maestras, juntó a cuatro padres que tenían más o menos que ver con la música y el entretenimiento. Gabriel  llevaba quince años dedicándose a los espectáculos infantiles, mientras que el tecladista Bruno Delucchi guitarrista Juan Pablo Esmok y el bajista Esteban Ruiz Barrea aportaban la pata musical. “Nos juntamos un poco de malagana, a ver qué salía. Enseguida supe que estaba con músicos muy buenos”.

Con el timming y el oficio de Gabriel y el nivel musical de Bruno, Esteban y Juan Pablo empezó a armarse el programa del debut, y entre versiones de clásicos y juegos, la fiesta fue inolvidable. “Hubo una magia –evoca el cantante-: pibes saltando descontrolados, padres aplaudiendo a lo loco, maestras emocionadas y agradecidas. Algo pasó y nos dijimos, ¿lo vamos a dejar acá o buscamos algo más?”.

La respuesta no tardó en llegar. Luego de un par de conciertos con el mismo formato, se incorporaron la cantante Valeria Donati y el baterista Martín Cicala, y desde el primer ensayo el grupo vivió una nueva transformación. “Empecé a componer, ellos les deban forma con los arreglos y salían los temas a borbotones”, recuerda Gabriel. Ya con canciones propias en ritmos de rock, cumbia, jazz o lo que pinte, el grupo editó el álbum “¿Por qué no te mandé al Turno Tarde?”, mientras empezó a girar por diferentes escenarios, en una caravana que este viernes los trae al Centro Cultural San Isidro –Libertador 16.138-.

-Pregunta de rigor. ¿Cómo entretener a los niños sin aburrir a los padres, y viceversa?

-Trabajamos con el concepto de asimetría: somos adultos que hacemos un espectáculo para chicos, no nos aniñamos, no nos disfrazamos. Hablamos como adultos y le contamos historias que tienen que ver con su universo: no somos bomberos ni astronautas, pero podemos jugar a serlo desde nuestro lugar. Así buscamos mantener la atención de los chicos y de los adultos, que no se aburra nadie, cuando generalmente en los espectáculos para chicos los adultos van sólo a acompañar.

Foto: Martín Bonetto

-O a reírse de ellos mismos, como en “¿Por qué no te mandé al turno tarde?”

-Eso habla de la paradoja de lo bello de ser padres, el sacrificio enorme que uno delega, descentrarse para darle lugar tu hijo o hija, que, desde el momento que nace, siempre va a estar primero. Uno vive con esos nuevos espacios que nadie te lo cuenta, la paternidad parece un libro rosa pero contar el lado b es muy gracioso. No dormir nunca, no comer con las dos manos durante mucho tiempo, son cosas de las que no zafa nadie.

-Además de las historias, el grupo tiene una amplia diversidad de estilos en sus canciones. ¿Es otra manera de educar y despertar curiosidad?

-Más que en el reconocimiento de los ritmos con nombre y apellido, creo que lo educativo está en forma de contenido. Tenés el caso de Lourdes, que pretende enseñar inglés repitiendo los números… ¿eso es educar? Educativo para mí es que lo que ofrecemos esté bien tocado, bien grabado, que sea respetuoso con la inteligencia de quien nos está viendo y escuchando.

-En “Google” abordan el tema de la tecnología, ¿es algo que los preocupa especialmente?

-Está buenísima que los chicos experimenten con la tecnología, pero siempre con el sostén de los padres. El pibe dice quiero dar una carrera a ver quién gana, quiero dibujar pero que lo adivines, y en ese sentido es una reflexión sobre la soledad que en algún punto presenta la tecnología. Hay un tiempo de calidad que uno puede pasar con la familia que cada día nos cuesta más concretar. Son 20 minutos, media hora, de sentarse a dibujar con tu hijo o con tu hija, o lavar los platos, o jugar al Ludo Matic, o, también, mirar un video en Internet juntos, y comentarlo. Eso hace que el chico pueda volver al lugar cuando lo necesite, es como plantar una bandera para que todos nos orientemos. Cuando hace mucho sin plantar esa bandera, se pierde esa conexión.

-¿Cuál es la propuesta de Los Raviolis dentro de la amplia oferta de las vacaciones de invierno?

-Siguiendo esta metáfora, creo Raviolis facilita estos veinte minutos. Claro que el show es más largo, pero se trata de un programa familiar en grandes y chicos van a interactuar.

-Viernes 21 de julio a las 14.30 en Centro Cultural San Isidro, Libertador 16.138. Entradas en venta en el Centro Cultural y por el sistema passline.

 

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