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Con un poco de artista y otro tanto de artesano, el oficio milenario del luthier resiste y se perfecciona con el paso del tiempo. Ángel Sampedro del Río, luthier afincado en Villa Adelina, empezó tocando música folklórica y fabricando sus propios instrumentos de viento: el primero fue una quena de bambú. Ahí desarrolló una pasión tan fuerte por el oficio y el material, que el músico quedó para la entrecasa y el luthier creció hasta convertirse en uno de los más reconocidos del país. Desde su taller “Instrumentos musicales un mundo de bambú“, el luthier se contactó con la Cooperativa Tigre Bambú, un emprendimiento ubicado en el Delta que provee la materia prima para las quenas, saxofones, marimbas y demás instrumentos que dan la vuelta al mundo. “El bambú tiene una capacidad de proyección impresionante, no sólo para la fabricación de instrumentos”, resume Ángel en diálogo con El Argentino ZN.

A partir de hoy y hasta el domingo, el Centro Cultural Kirchner albergará el Festival de Luthería, el evento organizado por el Ministerio de Desarrollo Social y la Asociación Argentina de Luthiers (AAL), en el que habrá más de 60 expositores y Ángel dirá presente. “No hay muchas oportunidades para compartir experiencias con otros luthiers. También asisten muchos músicos, por lo que es una buena oportunidad para exponer nuestro trabajo y poder vender algún instrumento” cuenta el luthier, con más de tres décadas de experiencia en el rubro.

-¿De qué se trata la clínica que dará el domingo a las 18 horas?

-Es una clínica de acústica de instrumentos y bambú, orientada a los instrumentistas, a los músicos en general y también para curiosos. Desde lo científico, se sabe poco de los instrumentos de viento y es algo que vengo estudiando hace tiempo. Si partimos del funcionamiento, la molécula de aire es la misma. Los instrumentos de viento del folklore argentino están muy cercanos con los que se utilizan en géneros como el jazz: tienen muchos más puntos en común que lo que se se piensa.

-El trabajo del luthier, y más aún relacionado con el bambú, sugiere una actividad ancestral. ¿Cómo se lleva con la tecnología?

-No tengo problema en recurrir a la informática o usar la tecnología como herramienta de medición o afinación, siempre que mejoren la calidad de la producción. De cualquier manera, el hecho de construir instrumentos en bambú asegura que no haya dos iguales: eso pone un límite a la producción en serie y es lo que hace al instrumento de autor.

-¿Cómo se abastece de bambú?

-Trabajo con la Cooperativa Tigre Bambú, que hacen una producción controlada, algo que es una excepción. Suele verse al bambú como una planta invasora, que hay que sacar del medio, mientras que en otros países como Colombia, Ecuador y Costa Rica, y ni hablar de oriente, se ve como un recurso.

-¿Cuál es el proceso de producción hasta que el instrumento está listo?

-Hay un tema con el bambú: se parece a una madera pero no es; no es un árbol, es una hierba gigante. Hay que seleccionar un bambú maduro, en verde, pero no pasado, Aún comprando bambú de calidad, hay que seleccionar el diámetro, la pared, etcétera. Hay distintas especies para seleccionar y luego viene el proceso de curación que realiza cada luthier.

-Se asocia al bambú casi exclusivamente con instrumentos de viento o percusión. ¿Le interesa incursionar en otros caminos?

-Se pueden hacer guitarras, con una técnica de laminado en bambú que se hace en Colombia, pero no es mi especialidad ni mi interés. Cuando empecé en esto, con un amigo nos empezamos a dar máquina para fabricar un órgano de iglesia en bambú. Sé que existe uno en Filipinas que es una reliquia española. Pero por ahora voy por otro lado.

-Un mundo de bambú estará presente en el Festival de Luthería. Jueves a domingo de 13 a 21 en el Centro Cultural Kirchner Sarmiento 151 -CABA-. Entrada gratuita.

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