San Martín: marcha de silencio para exigir justicia por Araceli

San Martín: marcha de silencio para exigir justicia por Araceli

Hace un mes, la familia de Araceli Fulles comenzaba a denunciar su ausencia. 27 días después, su cuerpo fue hallado en la casa de un sospechoso que ya había declarado tres veces en la causa. Complicidad policial, fallas en la investigación judicial y un índice de femicidios con cifras cada vez más alarmantes. Por todo esto, familiares y amigos marcharon esta tarde.

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“Prohibido olvidar” y “perpetua para estos asesinos” fueron algunas de las consignas que alzaron familiares y amigos de Araceli Fulles, la joven de 22 años víctima de femicidio en San Martín. Vestidos de negro y portando velas, sus seres queridos se movilizaron para exigir justicia, a un mes de la primera denuncia por su desaparición.

“Es imperdonable”, dijo la mamá de la joven, abrazada al retrato de su hija. La familia Fulles advirtió varias veces ante las cámaras sobre las fallas en la búsqueda y la investigación, durante la desaparición de Araceli. Tras el hallazgo del cuerpo, el jueves pasado, convocaron a marchar hoy.

“A un mes de esta lucha, nos reuniremos en Márquez y 9 de Julio, donde empezó todo, para recordarte y pedir justicia”, fue el lema de la convocatoria, que comenzó hoy a las 18. La consigna instaba a vestir de negro y llevar velas blancas.

Hoy se cumple un mes desde que se encendió la primera alarma. El 1º de abril, el mismo día que desaparecía Micaela García en Entre Ríos, la familia Fulles le perdía el rastro a Araceli, después de un mensaje de texto en el que le pedía a su mamá que preparara el mate, que ya volvía.

Tuvo que pasar casi un mes entero para que se hallara a Araceli. Y fue por la insistencia de su familia que se volvió a allanar una vivienda que ya había sido requisada, en José León Suárez. Allí fue encontrado el cuerpo mutilado de la joven de 22 años: en la casa de Diego Badaracco.

“La Policía no quiere encontrarla”, advertía horas antes Marcelo Fulles, hermano de la joven. “Es algo obvio que no la quieren encontrar, porque ya saben quién la tiene”, alertaba. “Tenemos trabas con la fiscal porque no quiere trabajar con nadie. No acepta ayuda”, se quejaba por su parte Ricardo Fulles, papá de Araceli, sobre el desempeño de la fiscal Graciela López Pereyra.

Tuvo que interceder una corajuda mujer embarazada, en Flores, para dar con el principal sospechoso del crimen, que huyó tras declarar tres veces en la causa. Esa mujer, cuyo aporte en un primer momento la Gendarmería burló y subestimó, permitió que se apresara al prófugo. Pese a ello, la ministra de Seguridad de la Nación, Patricia Bullrich, se ocupó luego de felicitar a través de su cuenta de Twitter a los efectivos de Gendarmería que concretaron la detención.

La responsabilidad del Estado no sólo quedó a la vista en esas fallas. También, en la complicidad policial –que llevó al desplazamiento de por lo menos tres efectivos, allegados a varios de los detenidos- y en el rol de la justicia, que entre otras cosas se negó a derivar el caso para que fuera investigado por una fiscalía especializada en trata.

 

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