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Fernando Wendt con el Ciudad de Vicente López de fondo. Foto: Prensa CAP

“Con muchos amigos de la Comisión Directiva notamos que la generación de nuestros hijos estaba perdiendo la identificación con el club. Ahí decidimos meternos bien a fondo, para que pueda vivir lo que vivimos nosotros cuando éramos chicos”. Fernando Wendt, 47 años, casado con Cecilia y padre de dos mellizas y un varón, empieza la charla con El Argentino ZN contando por qué, luego de una larga trayectoria dirigencial, decidió dar el paso que lo llevó a la presidencia del Club Atlético Platense.

Nacido en Saavedra y con una vida ligada desde siempre al Calamar -como socio, hincha y jugador de básquet-, Wendt empezó a involucrarse en la política del club a medida que la debacle institucional y deportiva tocaba fondo. Diez años muy exitosos al frente del Departamento de Básquet fueron su mejor carta de presentación para que el socio le diera el voto de confianza en diciembre pasado. “Quedé etiquetado con el básquet y está bien, porque fui jugador de todas las categorías y después empecé a colaborar en la parte dirigencial” destaca Wendt, y aclara: “Pero antes había sido dirigente del fútbol y desde siempre seguí a Platense a todas las canchas del país. La pasión me la da el fútbol, no el básquet”.

Con la premisa impostergable de empezar a devolver al club a la Primera División y entusiasmado con el buen momento del equipo de Omar Labruna, el presidente de Platense habla mano a mano con este medio para evaluar sus primeros cien días de gestión, mientras en la biblioteca de la sede, en cada vitalicio que pasa y entre los chicos que juegan al futsal, sólo se habla de la pelea por el ascenso al Nacional B. “Tenemos un nerviosismo y una ansiedad que no podemos manejar. Ojalá no se la traslademos al equipo”, remata el presidente.

-Durante su gestión, el básquet pasó de disputar las categorías amateurs a quedar a un paso de la Liga Nacional. ¿Se puede trasladar ese modelo al fútbol profesional?

-Son dos mundos totalmente diferentes, pero hay cosas de gestión que se pueden trasladar al fútbol y a cualquier deporte. Vale aclarar que en el básquet, nunca compramos plaza, ni gerenciamos, no está dentro de los valores que manejamos para el club. Pero el fútbol, sobre todo en Argentina, es un mundo aparte, por la pasión que transmite, y en el momento actual de Platense se agrega la presión: hace mucho que estamos en esta categoría y necesitamos salir.

Prensa CAP

-¿Se puede hablar de gestión exitosa si el fútbol profesional no acompaña?

-El fútbol tiene una demanda infinitamente más grande que la del básquet o cualquier otra disciplina, en la que te ponés más contento o más triste si ganás o perdés. El fútbol es ganar, ganar y ganar y es entendible, y a veces nos cuesta disfrutar del proceso dirigencial y de los resultados de esta campaña.

Ya pasaron los primeros cien días de gestión. ¿Con qué club se encontró?

-Con muchos de los miembros de Comisión Directiva, vivíamos el día a día del club, con lo cual conocíamos mucho de lo que pasaba. No tuvimos grandes sorpresas, pero sí cosas que no habíamos contemplado, por ejemplo la crisis en la Asociación del Fútbol Argentino y la postergación del fútbol. La falta de ingreso de dinero de la televisión fue un impacto grande que pudimos absorber y manejar, pero que nos representó un problema que no teníamos en agenda. Tuvimos que postergar obras y proyectos, pero hicimos un montón de cosas que no damos cuenta por estar en el día a día; como el riego de la cancha, o la remodelación de baños, que fue una promesa de campaña, y estar al día con el plantel.

-¿Qué obra sueña realizar como presidente del club?

-Más que en una obra, creo en el crecimiento sostenido, que hay que acompañarlo con una inversión en infraestructura que viene postergada hace tiempo. Cada vez que entro al club y veo toda la gente que practica deporte, me genera una sonrisa, y el desafío de mejorar la calidad y la cantidad de los espacios y los servicios que les damos a los socios. Eso implica obras en los gimnasios, en los vestuarios, proyectar la temporada de invierno de pileta para 2018, mejorar la colonia de verano, la zona de quinchos, volver a generar espacio de los vitalicios para reincorporarlos a la vida activa del club… ojalá podamos hacer muchos de estos proyectos y otros encaminarlos para quienes nos sucedan.

-¿Se puede lograr con Vicente López la misma identificación que existe con Saavedra?

-El objetivo que nos pusimos es ser la institución más grande de Zona Norte, más allá de lo sentimental. Sabemos que por historia deportiva y por presente institucional lo somos, pero apuntamos a todos los sentidos: infraestructura, fútbol, la actividad social y la presencia en la zona. Si bien hace casi cuatro décadas que estamos acá y se nota el arraigo del club y de los vecinos, el mayor sentimiento y la mayor cantidad de socios está en Saavedra, y eso es algo fundacional. En el camino que estamos recorriendo, sabemos que va a pasar lo mismo con Vicente López,  sin que eso signifique perder la pertenencia con Saavedra ni con Núñez.

Mi amigo el intendente

Wendt y Macri durante un encuentro de minibasquet. Foto: LPO

Durante la campaña electoral del Calamar, se deslizó que la llegada de Fernando Wendt a la presidencia significaría el desembarco de Jorge Macri en la institución. Incluso como potencial plataforma política, siguiendo el modelo que forjara su primo en Boca. El titular de Platense juega a su manera el siempre conflictivo partido entre la política y el deporte. “A Jorge lo considero un amigo. Ayudó mucho más al club que lo que la gente supone, y creo que se viene un período de mayor colaboración y de intercambio, para el crecimiento de nuestra vida institucional”, sostiene Wendt, y sube la apuesta. “Todos saben que Jorge es hincha de River, pero tiene su corazoncito en Platense y sé que le encantaría, siendo el intendente de Vicente López, ver a Platense jugar en Primera División”.

-¿Es decisivo el apoyo del municipio para una gestión exitosa?

-Para cualquier institución relacionarse con el municipio es importante. Hay muchas cosas que dependen de esa relación, y vamos a trabajar muy cerca del municipio, aportando nuestra cuota social y deportiva para el vecino de Vicente López. Creemos que esto es un trabajo bidireccional, que tiende a generar ese espacio donde la comunidad y el club sean una única cosa.

-¿Cambió mucho su vida desde que es presidente?

-Paso casi los siete días de la semana acá. Salgo de la oficina y me vengo al club hasta las 10 u 11 de la noche. Son muy pocas las veces que puedo cenar con mi familia, pero sin el apoyo de mi esposa ocupándose de las tareas de madre y muchas veces de padre, ni el de mis hijos, sería imposible. Esto era un sueño, me bancaron desde el principio y lo siguen haciendo todos los días.

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