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“Muchos me decían que si algo me molestaba me volviera a mi país o hiciera algo”, recuerda el colombiano Jhon Ruiz. El joven de 35 años llegó a la Argentina en el 2007 y su viaje empezó como turista. Quedó maravillado con todo lo que tenía Buenos Aires y la arquitectura europea de la ciudad. Pero pasaron los meses y –define él- “lo lindo se hizo habitual”. A partir de ahí empezó a ver otra cara que no conocía: se sorprendió de que la gente en el subte dejaba caer el boleto al suelo, en el colectivo tiraba papeles por la ventana y en las calles no se ponían los residuos dentro de los contenedores. Decidió que tenía que hacer algo en el país en 2012. Desde su casa en San Fernando, empezó a buscar organizaciones relacionadas con la ecología y lo ambiental hasta que se topó con Let’s do it: una asociación que tiene como objetivo limpiar toda la basura del mundo. Tradujo la página del inglés y se comunicó con las oficinas de Europa a través de mails. Hasta que entendió que le daban la autorización para instalar una sede del movimiento oficial. Hoy, ya lleva cinco años a cargo de Vamos a Hacerlo Argentina e hizo más de veinte jornadas de limpieza de residuos sobre la costa de Vicente López y San Isidro.

Por más que Jhon es contador público, la basura nunca fue un tema nuevo para él: en su infancia en Puerto Berrío, a orillas del Río Magdalena y a cien kilómetros de Medellín, con un grupo de amigos ayudaban a recolectar los desechos de los habitantes del pueblo que no tenían otra opción que arrojar sus restos de alimentos al curso de agua porque los recolectores no entraban al lugar. Ahora, él se encuentra en la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA en una convocatoria de voluntarios para sumar manos a Vamos a Hacerlo. “Nuestro objetivo es que cuando una persona se vaya de una limpieza, piense dos veces antes de tirar mal la basura”, dice frente a hombres y mujeres en un aula del primer piso de la universidad del barrio porteño de Constitución. Jhon está acompañado por Mauro Borsella, licenciado en gestión ambiental y coordinador de la organización. Ellos dos se encuentran a cargo de la asociación. Con un proyector muestran imágenes y explican la historia y el objetivo principal del movimiento mundial: hacer una limpieza general del planeta el 15 de septiembre de 2018.

El movimiento Let’s Do it (en español: Vamos a Hacerlo) nació en el país europeo de Estonia en 2008. Después de una convocatoria, 50.000 habitantes -el 5% de la población de ese momento- salieron a las calles para limpiar la basura en cinco horas. A partir de ahí se expandió al mundo. Según la página oficial de la organización, 113 naciones y más de 16 millones de personas se unieron para eliminar los lugares con residuos ilegales. “¿Sabías que cada año, 8 millones de toneladas de desechos son agregadas a nuestros océanos? -apelan al lector en la web-. Eso es como tirar 120 aviones Boeing 737 al agua cada 365 días”. Por eso, la idea de poner una fecha para limpiar la tierra: “Ese día de septiembre, vamos a despertarnos a la mañana en Japón. Y en la noche de Hawaii, vamos a haber cambiado el mundo”.

La primera jornada de limpieza que organizó Jhon fue en el barrio porteño de Once. Trabajaron sobre la avenida Pueyrredón desde Rivadavia hasta Córdoba. No pudo conseguir escobas y le quedaron las piernas doloridas por varios días debido a que se tenía que agachar para levantar las colillas de cigarrillos. Fue el único evento en capital: el joven vive en San Fernando y siempre trabaja en la ribera de Zona Norte. Allí, en el Paseo del Viento de Vicente López, fue donde conoció a Mauro en 2012. Quedaron en contacto después del evento hasta que Mauro pasó a formar parte de Vamos a Hacerlo. Ahora, se encarga del contacto con otras asociaciones y empresas. “El vínculo con movimientos locales es un punto importante para conseguir lo que queremos”, explica. Pero aclara que ahora están concentrados en otra cosa: hace dos semanas, la red de abogados Pro Bono les asignó un estudio jurídico para conseguir la personería jurídica como ONG. Cuando lo logren, la idea es mapear los lugares con basura ilegal en Argentina durante 2017 a través de la aplicación TrashOut que se puede descargar libremente. Y al año siguiente, limpiar el país.

“El vínculo con movimientos locales es un punto importante para conseguir lo que queremos”

Hay dos grupos más de Vamos a Hacerlo Argentina: en el partido bonaerense de Bragado y en la ciudad de Mendoza. Ellos trabajan a nivel local. Las jornadas de limpieza que organizaron Jhon y Mauro siempre fueron en el Parque Natural Municipal Ribera Norte de San Isidro, la Reserva Ecológica y el paseo costero de Vicente López. En los cinco años que llevan de trabajo, convocaron a más de mil voluntarios y levantaron 6163 kilos de residuos. “Nuestra idea es terminar de afianzarnos en los municipios que ya conocemos y después empezar a expandirnos”, explica Mauro en el aula de la facultad. Y agrega que la mayoría de los hombres y mujeres que van a ayudar a las jornadas son de las comunas de Zona Norte, pero que también asiste gente de Capital o del sur del conurbano de la provincia.

El 10 de marzo último, la concejala de Vicente López Meneca Djedjeian presentó un proyecto de ordenanza para declarar al 27 de septiembre como el “Día del Voluntario Ambiental” municipal. Fue después de varias reuniones que los dos jóvenes de Vamos a Hacerlo mantuvieron con la legisladora. “Para nosotros ya es un logro que el pedido haya llegado al Concejo Deliberante”, indica Mauro. En la fecha elegida también se conmemora el “Día Nacional de la Conciencia Ambiental”, declarado por Ley en 1996. Se recuerda por el escape de gas que hubo en el partido de Avellaneda en 1993. Los vecinos habían arrojado una mezcla de ácido sulfúrico y sales de cianuro a las cloacas y la combinación de líquidos había quedado atascada en las alcantarillas. Cuando el vapor letal escapó por una rejilla, mató a siete personas que lo respiraron.

Ximena Tobi, una de las mujeres que escucha la charla sentada en un banco del aula, es profesora de la facultad y consiguió el espacio para la convocatoria. Ella cuenta que conoció al movimiento en Estonia durante un viaje en 2016. También, forma parte del Grupo 4R: reducir, reusar, reciclar y resignificar. A través de esto se encarga de la gestión de residuos de la sede de la Universidad. Allí, separan la basura y le dan todo a una cooperativa de cartoneros que la pasa a retirar. “Tengo interés en lo generacional, de cambiar el pensamiento. Porque que la persona no tire es primordial. La limpieza es importantísima, pero a veces parece que es como poner una curita sobre algo que no termina de sanar”, comenta. Mauro asiente con la cabeza. Jhon, se queda pensativo y agrega: “Es verdad que somos el último eslabón de la cadena: actuamos cuando ya la basura se tiró ilegalmente. Pero la idea es que la gente reflexione cuando ve lo que hay que limpiar”.

La plata para comprar los guantes y las bolsas que se usan en las jornadas sale de los bolsillos de Jhon y Mauro. La mayoría de los residuos que recolectan son plásticos, debido a que es el material que más trae el Río de la Plata. Ellos están en contacto con una fundación en la localidad de Munro que se encarga de llevarse los residuos en camiones. Las tapitas de las botellas las donan a un refugio para mascotas. Pero también depende de la situación que se les presenta. En una de las últimas jornadas, un hombre dijo que conocía a una chica que necesitaba tapas para hacer una silla de ruedas. Quedaron en que se las iban a guardar. “Lo ambiental es algo incipiente en Argentina. Pero hay que demostrar que también está atravesado por una cara social”, explica Mauro. Y los dos coinciden en que la solidaridad es una parte importante en el trabajo que hacen: “No solo tratamos de cuidar el planeta. También está bueno convertirlo en un lugar un poco más bueno”.

1 COMENTARIO

  1. Admiro y aplaudo lo que hacen. A mis 81 años no puedo serles de mucha ayuda, pero al menos reenviaré este mensaje a mis conocidos. Por otra parte, el no tirar basura al espacio público ha sido un tema en la educación de mis hijas, quienes todavía recuerdan que, cuando eran pequeñas, íbamos en coche por una región deshabitada y yo les prohibí que tiraran los papeles de sus alfajores por la ventanilla. Hoy educan a sus hijos del mismo modo.

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