Los agentes que agredieron al repartidor de harina en Tigre, a juicio...

Los agentes que agredieron al repartidor de harina en Tigre, a juicio oral

Se trata de Héctor Sosa y Gustavo Castillo. El primero era inspector municipal y agente del COT. Con un denso prontuario, que incluye haber asesinado al “Frente” Vital. El segundo integró la Bonaerense hasta ayer. Ambos van a juicio por “lesiones graves calificadas por pertenecer a una fuerza de Seguridad y abuso de autoridad”, tras haber dejado ensangrentado, fracturado y tumbado a un trabajador por una discusión de tránsito.

Compartir

Con la fuerza de las denuncias que se viralizan a través de las redes sociales, en octubre del año pasado circuló y desató indignación el video que mostraba a un inspector del Centro de Operaciones Tigre (COT) y un policía de la Bonaerense ahorcando y golpeando a un repartidor de harina en Tigre, tras una discusión de tránsito. Luego se supo además que el agente del COT tenía un denso prontuario en la zona, que incluía el asesinato del Víctor “Frente” Vital. Finalmente, en pocos días, los dos atacantes deberán enfrentar un juicio oral. La primera audiencia ya tiene fecha: será el 7 de abril.

El 13 de octubre del año pasado, José Ojeda – de 57 años- salió a trabajar con su camioneta, como todos los días. Cerca de las 17 llegó a la distribuidora de harinas y margarina “Masa”, en un playón sobre el cruce de ruta 9 y ruta 27, junto a la estación de servicio Shell. Cargó los pedidos que tenía que repartir en Pacheco junto a su compañero, Pablo. Ya listo para salir, cuando quiso arrancar advirtió que había una patrulla policial del COT bloqueándole la salida. Tal fue el inicio del episodio que terminó con un grave hecho de violencia institucional y lesiones.

De acuerdo al relato de José y testigos, le pidieron a los agentes que movieran el vehículo, pero éstos le contestaron de mala manera y comenzó una discusión. El trabajador, que debía cumplir su horario, intentó entonces arrancar la camioneta, rodeando el patrullero. Entonces el inspector del COT comenzó a increparlo. La discusión de volvió más acalorada, hasta que el policía lo tomó del hombro y José intentó zafarse con un empujón. El oficial se le tiró encima a José por detrás, le pasó un brazo por el cuello y empezó a ahorcarlo, mientras la gritaba a su par que lo esposara. El otro agente desenfundó su arma 9 milímetros.

Le pegó dos culatazos en la cabeza a José, que empezó a sangrar. En tanto, el primer agente le pegó una patada en la pierna derecha y lo tiró al piso. Así fue fracturado el peroné de José, quien además era sujetado del cuello con fuerza. Para entonces la escena ya tenía varios testigos: vecinos que defendían a José, uno de ellos filmando todo, pese a las amenazas policiales.

Otros policías que se acercaron al lugar llevaron a José al hospital y, de allí, a la comisaría. También a su compañero de reparto y a un playero que lo había ayudado a liberarse. Los tres pasaron presos toda la noche y les abrieron una causa por “resistencia a la autoridad” en la Fiscalía de Distrito de Benavídez.

Por entonces María Eugenia Ferrari, directora de Participación Ciudadana de Tigre, definió el hecho como “un forcejeo vinculado con el tránsito”. Pero el video, que ya se viralizaba, mostraba otra cosa. Mucho más grave. La Fiscalía de Pilar inició una investigación de oficio, que terminaría determinando que la causa por “resistencia a la autoridad” había sido fraguada. Los policías no habían sufrido heridas, tal como indicaba la versión oficial. Eso también se desprendía de las imágenes. José, en cambio, terminó ensangrentado y tumbado.

Los dos agentes fueron imputados: el inspector municipal Héctor Eusebio Sosa -de 49 años, empleado de la intendencia de Tigre y quien ahorcó a José- y el sargento Gustavo Leonel Castillo -de 35 años, policía de la Bonaerense-, quien le había pegado los culatazos en la cabeza.

Sosa además trabajaba como personal del Centro de Operaciones Tigre, tras haber sido exonerado de la Bonaerense en 2007, luego de matar a tiros a dos jóvenes en un “enfrentamiento”. Antes, en 1999, había matado a Víctor “Frente” Vital, un joven de 17 años perseguido por robo, asesinado cuando estaba con las manos en alto bajo una mesa y, tras el gatillo fácil que terminó con su vida, convertido en ídolo pagano, especialmente en las villas de Zona Norte. Su historia fue retratada en el libro Cuando me muera quiero que me toquen cumbia, de Cristian Alarcón, un clásico de la crónica periodística. Como si todo esto fuera poco, Sosa tenía denuncias por abuso sexual y violencia familiar.

En cuando quedó al descubierto el escándalo, a Sosa también lo echaron del Municipio. El sargento Castillo, en tanto, recién anoche fue notificado de que quedó desafectado de la Bonaerense: todo este tiempo siguió trabajando en el Comando de Patrullas de Tigre, según consignó el periodista Rolando Barbano en el diario Clarín.

Finalmente, Sosa y Castillo irán a juicio oral por los delitos de “lesiones graves calificadas por pertenecer a una fuerza de Seguridad y abuso de autoridad”, de acuerdo con el requerimiento del fiscal Raúl Casal. El juicio quedó a cargo del Tribunal Oral N°3 de San Isidro. La Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (Correpi), que en su momento desempolvó los antecedentes de Sosa, difundió el hecho y acompañó a José, actuará como querellante.

Dejar una respuesta