227 siluetas por la memoria en Vicente López

227 siluetas por la memoria en Vicente López

“Vicente López no olvida. No te olvides vos”. Con ese lema se difundió la convocatoria del 16 Festival por la Memoria y el Nunca Más de esta comuna de Zona Norte. Un homenaje y pedido de justicia por los desaparecidos del distrito, junto con un reclamo por los derechos vulnerados en la actualidad.

Compartir

De los árboles de la Plaza Florida colgaban 227 siluetas de papel: todas tenían un cartelito que indicaba un nombre, una fecha, una breve descripción. Elena Costa de Corchs, 30 años, nacionalidad uruguaya, desapareció de su departamento de Olivos. Jorge Oscar Adur, sacerdote párroco de Nuestra Señora de la Unidad de Olivos, desapareció en julio de 1980. Eduardo Oscar Muñiz, 18 años, estudiaba en el Nacional N° 1 de Vicente López y desapareció en octubre de 1976. Todos forman parte de la lista de víctimas de Vicente López que dejó el plan sistemático de exterminio de la última dictadura cívico-militar. Todos volvieron a estar presentes en la edición 16 del Festival por la Memoria y el Nunca Más de esta comuna de Zona Norte.

“Esperemos que la lluvia llegue -dijo e hizo una pausa uno de los dos conductores del festival- a la madrugada, cuando hayamos terminado”. Con esas palabras dio inicio al evento que se realiza en el municipio desde hace 15 años. Después, su compañera leyó un documento que habían escrito en conjunto las organizaciones: “Quizás alguien que pase no entiende por qué lo hacemos. Organizamos de una manera autónoma el festival y eso le da un sentido humano. Que lo compartamos hoy acá le da un sentido social. Vamos a refrescar la memoria y dar a conocer a los más jóvenes que el terrorismo de Estado es la mayor vileza que puede existir”. Cuando terminó, miró hacia el cielo gris repleto de nubes del sábado por la tarde y pidió a la gente que hiciera fuerza para que no lloviera.

“Bienvenidos al festival para reflexionar y jugar, porque hay que recordar también con alegría”, escucharon los asistentes. A lo largo de la plaza lindera con la estación Florida del tren Mitre, la gente visitaba los puestos de todas las organizaciones. La Asamblea para la Defensa de los Derechos Adquiridos (ADDA) invitaba a hacer un test con las medidas que los beneficiaron del gobierno de Mauricio Macri. Ponían ejemplos como la quita de impuestos al champagne, la baja de retenciones a las mineras, el pago a los fondos buitres. Al final de la encuesta, les preguntaban a los participantes: “¿Ya sacaste tus conclusiones?”.

La Galpona de Villa Martelli llamaba a los vecinos a agregar un hecho represivo o de violencia institucional en una línea de tiempo que llevaba como título una frase de Víctor Heredia: “Una Tierra sin memoria no nos cobijará jamás”. El colectivo antipatriarcal Las Piradas puso un cartón en el que mujeres y hombres agregaron su propia idea ante la pregunta: “¿Cómo se hace un machista?”. Por su parte, el movimiento Mala Junta de Patria Grande pedía por un hogar abrigo en Vicente López y, a pocos metros, la organización Ñanderoga mostraba una rayuela con los derechos de los jóvenes, como reclamo para que no se implemente la baja de la edad de imputabilidad que propone el macrismo.

A lo largo de la plaza vecinos y vecinas visitaban y leían los carteles del Comité por la libertad de Milagro Sala de Vicente López, el Foro de la Salud y el Ambiente zonal, el colectivo Todxs por el Yrigoyen y la asamblea Unidos por el Río. Algunos disfrutaban de las pizzas de la cooperativa Ñamba Apo. A media tarde molestó una llovizna, pero la atención de los que acudieron al festival estaba en los micrófonos. Desde allí hablaba Josefina Giglio, hija de desaparecidos e integrante fundadora de HIJOS. Sus padres eran militantes del Partido Comunista Marxista Leninista (PCML). Su mamá, Virginia, era psicóloga. Y su papá, arquitecto. A él se lo llevaron en mayo de 1976 -a solo dos meses del golpe de Estado- de una reunión de trabajo. A Virginia la buscaron durante casi dos años hasta que la encontraron en una casa de Belgrano. Josefina tenía siete años y su hermano Francisco, uno y medio. Cuando secuestraron a su mamá, ellos quedaron con una vecina hasta que pudieron reencontrarse con sus abuelos. El primero de febrero último Josefina declaró en el juicio por el circuito de los centros clandestinos de detención Atlético, Banco y Olimpo, conocido como ABO.

“Después de declarar me sentí muy aliviada. La verdad pone las cosas en su lugar”, dijo, y toda la plaza aplaudió. Contó que cuando fue a Comodoro Py se dio cuenta que los imputados no estaban en la sala porque el juez les había dado permiso para que no asistieran a las audiencias debido a la edad y a la lejanía de la residencia. “Así como se construye la memoria, el olvido también se construye. Por eso considero importante que la gente se acerque a estos festivales y también a los juicios a hacer presencia. Tenemos que mostrar en las audiencias y en la calle que todavía pedimos justicia”, cerró su discurso. Un hombre del público empezó el característico grito “por los 30.000 compañeros detenidos- desaparecidos”. Josefina y la plaza lo acompañaron: “¡Presentes! ¡Ahora, y siempre!”.

Luego, sonó una voz conocida en la lucha de los derechos humanos: reprodujeron un audio de Nora Cortiñas, fundadora de Madres de Plaza de Mayo. Ella envió un video a las organizaciones y los vecinos y las vecinas de Vicente López que estaban en el festival. “A nuestros amigos y amigas de Florida, les mando una felicitación por su compromiso con este camino, con la memoria, la verdad y la justicia. Quiero recordar a La Gallega -Dionisia López Amado, del grupo de Madres de Zona Norte- que por ella nosotras empezamos a ir a esa zona tan querida por ustedes y por nosotras”, se escuchó por los parlantes. Cuando terminó, todos se empezaron a tomar de las manos e hicieron una ronda que ocupó el centro de la plaza. De fondo empezó a sonar la Canción de Caminantes, de María Elena Walsh, a cargo del grupo La Surgente. La gente caminó en círculos y, mientras duró la melodía, imitó la ronda de las Madres.

Durante el festival también participaron el grupo de teatro político El Molino con un módulo de su obra “Ajuste”, el mago Nicolás Gentile, la agrupación de música andina Jallalla y la banda La Compañía Cartonera del Noroeste. Las nubes aguantaron y la lluvia nunca llegó. Cuando oscureció, el baile, la comida y la charla continuaban. “Quizás el año que viene usted se suma a organizar esta fiesta de la vida”, invitó la joven que oficiaba de conductora del evento. Y dejó en claro el mensaje que difundía la convocatoria del Festival por la Memoria: “Vicente López no olvida. No te olvides vos”.

Dejar una respuesta