Por qué paramos: las demandas urgentes de las mujeres de Zona Norte

Por qué paramos: las demandas urgentes de las mujeres de Zona Norte

Jubiladas, empleadas domésticas, docentes, madres, funcionarias, militantes contra las injusticias y las desigualdades de géneros, periodistas, obreras, defensoras de los Derechos Humanos. Son mujeres que hoy paran en cada rincón del conurbano norte. Y te cuentan por qué.

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Por Luciana Rosende y Lorena Tapia Garzón

Mujeres que gritan, mujeres que luchan, mujeres que denuncian las históricas desigualdades laborales, sexuales, sociales, domésticas, sindicales, organizacionales. Mujeres del conurbano norte que hoy paran como miles y miles de mujeres de más de 50 países del mundo, no sólo en sus puestos de trabajo, sino también con las tareas de sus casas.

Ellas paran, y cuentan por qué.

Susana, 66, mamá de Higui, la mujer encarcelada en un destacamento de Malvinas Argentinas por defenderse del abuso de 10 varones, que la atacaron por el solo hecho de ser lesbiana. Tiene ocho hijos, es jubilada.

“Yo paro por justicia para mi hija y por la discriminación que sufrimos todas las mujeres. Siempre somos las golpeadas, las maltratadas, a quienes nos matan. Yo marcho por mí, por mi hija y por los derechos vulnerados de todas.También marcho porque la jubilación no me alcanza, a pesar de haber trabajado toda la vida de empleada doméstica. Y porque a mi edad no consigo trabajo de otra cosa. Yo cuido ancianos para vivir, y desde diciembre no tengo más trabajo”.

Lorena Gentile, 36,  delegada de Terrabusi, hoy Mondelez, planta Pacheco:

“El 8M yo paro no sólo por  el reclamo por las demandas propias de las mujeres, sino también el descontento de millones de trabajadores y estudiantes con las políticas de austeridad, ajuste y precarización de la vida que la clase capitalista y sus gobiernos de turno están descargando sobre nuestros hombros, para mantener sus ganancias”.

Elizabeth Gómez Alcorta, 44 años, abogada de Milagro Sala, San Isidro.

“El próximo 8 de marzo yo paro, junto a todas las mujeres del mundo, porque decimos basta a una sociedad desigual que genera violencia, que nos mata, que no nos reconoce el trabajo doméstico y reproductivo, que nos paga menos por el mismo trabajo de los varones, que nos reprime y nos impone estereotipos de género y de belleza. También paro porque de una vez por todas Milagro Sala y el resto de las compañeras de la Tupac estén en libertad. Porque vivas y plenas nos queremos; porque nosotras movemos el mundo, ¡también podemos pararlo!”.

Sabrina García, 37 años, periodista y mamá. Directora del portal San Fernando Nuestro.

“Yo paro porque quiero que las mujeres tengan los mismos derechos que los hombres. Es imprescindible que las mujeres cobren iguales salarios por misma labor, que puedan vestir sin que el resto opine por ello, que sean escuchadas, que ningún hombre se considere su dueño, que ninguna sea violada o maltratada, que se reemplace el golpe por la palabra, que dejemos atrás a esta sociedad patriarcal y podamos construir una sociedad para todos.

Elizabeth Aguirre, 37 años. Concejala de San Isidro y mamá de dos chicos.

“Este 8 de marzo nos movilizamos y paramos por el no reconocimiento y desvalorización de nuestro trabajo en el hogar, las grandes dificultades existentes para nuestra autodeterminación económica, el femicidio como expresión máxima de la violencia machista contra las mujeres, la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual, la negación del derecho a la soberanía de nuestros cuerpos, son sólo algunas de las terribles realidades que atravesamos las mujeres en nuestro país y en el mundo. Desde el Honorable Concejo Deliberante de San Isidro, entre otras iniciativas, impulsamos un proyecto para adherir al Paro Internacional de Mujeres tal como habíamos propuesto el año pasado en ocasión del paro del 19 de Octubre”.

María Victoria Olalla, 55 años, trabajadora textil desde los 16. Secretaria general de la Asociación Obrera Textil (AOT) de San Martín. Madre y abuela.

“Adherimos a la movilización, pero nos encontramos gremialmente en un atolladero. Vamos a marchar con las trabajadoras que salen del turno de la tarde porque no es un paro de la CGT y las trabajadoras del otro turno perderían el día. Nos movilizamos contra los femicidios y la violencia de género. Ya llevamos denuncias al Ministerio de Trabajo por casos de acoso sexual; hemos defendido a mujeres trabajadoras marcando un precedente. Hemos buscado la forma, porque a veces es muy difícil de demostrar, se da en un lugar como una fábrica textil, donde hay mucho ruido y grandes galpones. Y es muy difícil que las compañeras lo cuenten porque tienen miedo y privilegian su trabajo. En el contexto general cuesta denunciar, a las mujeres golpeadas les pasa lo mismo en sus casas. Marchamos por eso, por la igualdad en los puestos laborales, sobre todo en los lugares jerárquicos. Soy la única mujer con un lugar en la conducción de un gremio del sector industrial en Argentina: me debería enaltecer y me abochorna. Las mujeres no están en cargos de decisión.”

Fernanda Ludueña, 43 años. Mamá y abuela. Milita en la Defensoría de Géneros de Pilar, razón por la que fue despedida de su trabajo en la Casa Abrigo de la Municipalidad. Todavía lucha por su reincorporación.

“Yo paro porque no quiero ver más una niña sometida a ninguna situación de violencia y de abuso. No quiero que un niño crea que el maltrato es parte la vida cotidiana. Si los acompaño hoy siento que va a haber menos mujeres violentadas en el futuro. Y si ayudo a un niño a tener otra mirada, va a haber un hombre menos que violente a una mujer en el futuro”.

Natalia Biazzini, 36 años, periodista y mamá. Vive en Pablo Nogués y dirige Malviticias. Trabajó en la agencia Infojus Noticias, desmantelada por la gestión de Cambiemos.

“Como directora de un medio local, me parece urgente visibilizar todas y cada una de las desigualdades que sufre el colectivo no solo de mujeres, sino de LGBT. En los barrios pobres del Conurbano se ven atropellos contra estos sectores vulnerables todos los días, en todos los ámbitos. Y aunque haya conquistas y nuevos espacios sociales, todavía falta mucho camino por recorrer. Los casos de violencia de género, más la violencia institucional del Poder Judicial se multiplican semana a semana. Me preocupa y alarma cómo aún hoy se comunican estos temas en los medios de comunicación nacionales y locales”.

Andrea, psicóloga. Trabaja en el barrio Las Flores, en Vicente López, y acompaña a las mujeres del merendero Los Pitufos, CTEP, Movimiento Evita.

“Las mujeres de los barrios pedimos guarderías comunitarias: necesitamos más. Hay pocas vacantes para las necesidades de trabajo y estudio que tenemos. Si no podemos estudiar, capacitarnos, trabajar, nuestra autoestima es menor, quedamos reducidas sólo al ámbito doméstico de crianza de los niños y es difícil salir de situaciones de dependencia económica, que suelen complicar decisiones en situación de violencia de género. Ampliación de la moratoria previsional para poder aspirar a jubilarnos. Muchas tenemos trabajos informales y necesitamos poder acceder a una moratoria. Ley de emergencia en violencia de género, con medidas de abrigo para las compañeras en esa situación. La situación es que el presupuesto es cada vez menor para el Consejo de la Mujer”.

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