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Siluetas de periodistas desaparecidos y el monumento "Clarín miente".

Una vecina de San Isidro recibió ayer una visita inesperada. Justo cuando comenzaba a llover, varias decenas de hombres y mujeres de a pie se acercaron hasta el frente de su mansión con vista al río, sobre una calle señalada como ‘sin salida’ aunque la tiene. Llevaban consigo siluetas trazadas con pintura negra sobre papeles blancos. Con nombres y apellidos de periodistas desaparecidos durante la última dictadura cívico-militar. Las pancartas quedaron prendidas a la reja vigilada de la mansión de Ernestina Herrera de Noble, la directora de Clarín. Cuando a los pocos minutos llegó la Policía, el siluetazo ya había dejado su huella.

La movida había comenzado varias horas antes, con un encuentro y radio abierta en el parque de la estación Anchorena del Tren de la Costa. Aunque el clima amenazaba, el gentío se fue arrimando a la primera actividad de un mes de la Memoria que se avecina intenso en Zona Norte –y no sólo-. Mientras la confección de siluetas se ponía en marcha con viento en contra, comenzaba la charla desde un panel conformado por el abogado en causas de lesa humanidad Pablo Llonto, el periodista e investigador sobre el Grupo Clarín Ari Lijalad, el denunciante en la causa por la apropiación de Papel Prensa Osvaldo Papaleo, el representante de la Asociación Judicial Bonaerense Daniel Pérez Guillén y el referente de la anfitriona Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia de Zona Norte Jorge Witis.

Radio abierta, mientras se confeccionaban las siluetas.

Llonto, autor del libro La Noble Ernestina y ex trabajador de Clarín, explicó el por qué de la elección del lugar para el siluetazo. Una historia que no por casualidad tuvo –y tiene- a San Isidro como escenario. “En este partido se consumó el delito: en los Tribunales de San Isidro se consumó la apropiación de dos bebés”, resaltó el abogado. Y relató las inocultables irregularidades de los procesos mediante los cuales Ernestina Herrera de Noble anotó como propios a quienes llamó Marcela y Felipe Noble.

El relato cuenta que la beba –Marcela- fue dejada en una caja frente a la casa de San Isidro en abril de 1976, aunque está probado que la dueña de Clarín no vivía allí entonces. El mismo relato señala que el bebé –Felipe- fue entregado luego en el juzgado local por una madre que no quería criarlo: la mujer figura en la causa con un nombre que no existe y un número de documento que pertenece a un hombre. “Ernestina decía que vivía en esa época en San Isidro porque aquí estaba la jueza de familia Ofelia Hejt, que intervino en otra apropiación de un hijo de desaparecidos”, explicó Llonto.

La bandera de la Comisión por la Memoria, la Verdad y la Justicia Zona Norte, frente a la casa de Ernestina Herrera de Noble.

El abogado trazó el recorrido de la causa abierta ante la sospecha de que Marcela y Felipe eran hijos de desaparecidos: un camino que incluyó una breve detención de Herrera de Noble en 2002; la destitución del juez Roberto Marquevich dos años después; la oposición durante años a realizar un cotejo del ADN de los jóvenes con las muestras del Banco Nacional de Datos Genéticos y luego el resultado negativo de ese cruce; hasta finalmente el sobreseimiento –por parte de la jueza de San Isidro Sandra Arroyo Salgado- de Ernestina Herrera de Noble en la causa impulsada por Abuelas de Plaza de Mayo por adopción ilegal de Marcela y Felipe Noble Herrera durante la dictadura. Un camino que no está cerrado ni despeja las dudas, como resaltó Llonto durante la radio abierta, porque las muestras reunidas en el Banco de Datos Genéticos no contienen datos de la totalidad de las detenidas-desaparecidas embarazadas, mientras las verdaderas identidades de los hijos apropiados por la dueña de Clarín continúan sin dilucidarse.

En el marco de una radio abierta que debatió sobre el rol de los medios, la libertad de expresión, el macrismo, la corrupción, la comunicación alternativa y un largo etcétera, Papaleo resaltó que, pese a las dilaciones y manipulaciones judiciales, los últimos años permitieron “echar luz” sobre un tema como la apropiación de Papel Prensa durante la última dictadura. “Ya nadie piensa que Clarín es sólo un diario. La gente ya sabe que es un grupo faccioso. Ahora se sabe quiénes son Héctor Magnetto y Ernestina Herrera de Noble”, destacó. Desde la Comisión Zona Norte, Adriana Taboada también resaltó que se haya logrado “visibilizar dos temas que tienen que ver con Clarín y la dictadura”.

Las siluetas de los periodistas desaparecidos quedaron instaladas en las rejas de la mansión.

Llonto recordó que la expresión “Clarín miente” nació en los años ’80, por parte de los propios trabajadores del diario. “Hoy, que un 25 o 30% de la sociedad sepa que ‘Clarín miente’ es un avance. Está la esperanza de que una inmensa mayoría lo sepa y construya sus propios medios”, deseó. A unos metros se veía el clarinete gigante forrado con papel de diario, con la silueta roja de un desaparecido y la leyenda “Clarín miente” impresa, confeccionado especialmente para la ocasión y luego instalado sobre un margen de las vías, con la mansión de Ernestina de fondo.

Después de la radio abierta y con las siluetas de los periodistas de Clarín y La Nación desaparecidos ya confeccionadas, la charla con mates y bizcochos mutó en movilización bajo la lluvia. Con la bandera con los rostros de los desaparecidos de Zona Norte en la cabecera, acompañadas por las siluetas de papel, los invitados, militantes, referentes de Derechos Humanos, vecinos y representantes de distintos espacios sociales y políticos de la región emprendieron la caminata hacia la mansión de la calle Madero. Un recorrido en subida, que atravesó la calle rotulada por el Municipio con carteles de “sin salida”, aunque la tiene, resguardada por seguridad privada –y Policía presente al instante- y rodeada por cercos electrificados y cámaras de seguridad. En ese escenario, al grito de “como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”, el siluetazo quedó adherido a las rejas de la mansión de la célebre vecina de San Isidro.

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