El aguante en Atanor

El aguante en Atanor

Pese al alerta rojo, el acampe de los trabajadores despedidos de la planta de Munro resiste. Con el acompañamiento de familiares, concejales, sindicato y vecinos, los obreros mantienen su lucha contra el cierre, anunciado mediante un papelito en la puerta.

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Familiares y vecinos bancan desde la vereda.

Juan Prost es la segunda generación de su familia en la planta de Atanor. Primero trabajó allí su papá, durante un cuarto de siglo. Juan ya superó las cuatro décadas en la empresa química. Pasó por todas las áreas hasta llegar al sector de producción de formol en la planta de Munro, en Vicente López. “Es la primera vez que me pasa algo así, de la forma que te humillan, con un papelito”, dice desde el acampe de trabajadores que resiste al cierre, anunciado el miércoles pasado mediante un papelito en la puerta.

“Estamos luchando con mucho calor. La empresa nunca dio la cara. La única vez fue en el Ministerio de Trabajo y lo único que dijo es que no hay marcha atrás, que va a cerrar”, dice Juan, en diálogo con El Argentino ZN. “Pero somos optimistas”, asegura desde un acampe que se mantiene pese al alerta rojo del Servicio Meteorológico. La solidaridad y el acompañamiento que reciben durante el fin de semana más caliente en lo que va del año se traducen en aguante.

Yerba, bebidas, hielo y azúcar llegaron de manos de vecinos.

Los mensajes de aliento empezaron a llegar el mismo día del patético papelito en la puerta. Pero desde ayer se multiplicaron y continúan hoy, con la segunda jornada de shows, recitales y buffet solidarios para acompañar a los obreros. “Ayer vino mucha gente: concejales, gente del sindicato, vecinos, militantes de izquierda, Frente para la Victoria, Frente Renovador, concejales de San Martín, de Vicente López”, enumera Luis García, delegado y trabajador de Atanor desde hace siete años.

Además del apoyo sindical, político y militante, los obreros destacan el vínculo con los vecinos. Uno cuenta sobre la directora de escuela que se acercó el sábado por la tarde y se puso a llorar, recordando que vive en la zona hace 40 años y Atanor solía ayuda a comedores y escuelas y que los chicos atravesaban el alambrado de la escuela para jugar. “Vino mucha gente melancólica”, dice Luis. Juan, por su parte, cuenta sobre una abuela de 80 que se acercó a dejar 100 pesos para comprar en la panadería: con tanto calor, ella no podía caminar hasta el negocio. Yerba, gaseosas, azúcar, hielo también llegaron de manos de vecinos y vecinas.

Esta tarde, a partir de las 17-18, se reanudarán los shows. Los músicos que hay entre los trabajadores y los músicos amigos que se acercan permiten que se arme el baile en la calle, en Carlos Calvo 2967. Aunque el panorama no es bueno y entre los compañeros hay quien no puede evitar hacer números, el colectivo se mantiene firme. Por el momento, las expectativas están puestas en la audiencia del próximo miércoles al mediodía en el Ministerio de Trabajo. Los empleados y sus familias se movilizarán hasta allí, a la espera de una respuesta. Además del cierre de la planta de Munro, que dejó a 80 familias en la calle, la misma situación la vivieron 100 trabajadores despedidos en la planta de la empresa en Baradero.

Bandas y música frente a la planta de Munro.

“Hay gente que está esperanzada. Por ejemplo un compañero de 55 años que viene todos los días y realmente está esperanzado con volver. Porque dice ‘¿Qué hago sino? ¿Adónde voy a ir? Si me dan la plata, ¿qué hago? No me alcanza ni para un PH. ¿Cuánto me dura? No tiene posibilidad de reinsertarse”, dice Luis. “Si la empresa va a invertir 70 millones en otras plantas como dijo, que nos reubiquen. Desde acá tranquilamente podemos ir a Pilar”, plantea otro trabajador.

Al mismo tiempo, los trabajadores cuentan sobre la falta de inversión de los últimos años, las evidencias recientes que apuntaban a un posible cierre, los extraños movimientos de los últimos dos meses con gente que tomaba muestras de tierra y agua en la planta de Munro. “Pensamos que cerraron para hacer algo inmobiliario. Es una zona residencial, los metros cuadrados valen su buen dinero. Algunos dicen que ya está vendido”, se escucha en el acampe. El fantasma del negociado inmobiliario, tan presente en el distrito, aparece también en las carpas de los trabajadores despedidos de Atanor.

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