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El Yrigoyen, el último pulmón de naturaleza en la Costa de Vicente López.

Nicolás y Joaquín forman parte de un grupo de jóvenes que hace más de dos años trabaja y cuida Yrigoyen y el río. Cuando ellos mencionan la intersección, no se refieren a la rotonda en el vial costero de Vicente López: hablan de un predio de nueve hectáreas que se encuentra a pocos metros del asfalto y que mantiene la vegetación y la fauna originaria de la ribera del Río de la Plata. Allí, ellos hacen senderos, construyen con materiales reciclables y se encargan de que la gente que va de visita tome conciencia. “Nuestra idea es que esto se pueda transformar en una reserva pero que no cierre. Que los vecinos puedan interactuar con la naturaleza siempre”, explica Nicolás a El Argentino ZN.

El miércoles a la noche se encontraban en asamblea para preparar un festival y visitas guiadas al lugar. Había más de veinte personas que escuchaban y daban sus opiniones entre los pastizales. Pero pararon cuando vieron luces azules que se acercaban. Unos segundos después, un mayor de Prefectura apareció por un camino y ni se presentó: “Ustedes no pueden estar acá -les dijo-. Se tienen que ir”. Ellos explicaron que eso era un espacio público y el oficial amenazó con empezar a requisarlos y proceder a la averiguación de antecedentes. Recién cuando todos salieron se dieron cuenta del despliegue policial: siete camionetas de la patrulla municipal, cuatro motos y casi 40 agentes.

“Nuestra idea es que esto se pueda transformar en una reserva pero que no cierre. Que los vecinos puedan interactuar con la naturaleza siempre”

Con una cinta celeste frenaron el acceso al lugar. El oficial de Prefectura les explicó a los que estaban en la asamblea que el predio había sido traspasado de Nación al municipio de Vicente López hacía una semana y que dentro de unos días lo iban a cerrar definitivamente. Y también les indicó que era un lugar peligroso porque se podía incendiar. “Eso es medio contradictorio. Cada vez que pasó algo que afectó a la conservación del lugar, nosotros nos encargamos de solucionarlo”, relata Joaquín.

Sobre el misterioso traspaso del predio de Nación a Provincia todavía no hay noticias. No está publicado en el Boletín Oficial y tampoco llegó al Concejo Deliberante. En diálogo con El Argentino ZN, el ex concejal socialista Carlos Roberto, quien viene denunciando el avance inmobiliario en los terrenos de la Costa, confirmó que ese predio pertenece a la Administración General de Puertos (AGP), una dependencia nacional. Y que desde hace varios años el Municipio viene intentando su traspaso, sin éxito. “Hubo varios proyectos, pero nunca se cedió. Ahora que el Intendente (Jorge Macri) es el primo del Presidente (Mauricio Macri), todo es posible”, señaló, al asegurar que no descarta que ese traspaso esté negociándose. Y agregó: “Lo preocupante es que siempre hay un negocio inmobiliario detrás de estos movimientos. El lugar todavía se mantiene intacto porque el Municipio no lo pudo tocar”.

Senderos creados por vecinos.

En enero empezó la construcción de un conducto pluvial sobre el boulevard de la avenida Yrigoyen financiado por la Provincia de Buenos Aires. Rompieron las calles y las veredas para cambiar los caños subterráneos. Los camiones con la tierra extraída entraron al predio, marcaron con las ruedas un camino directo hacia la costa del río y descargaron materiales allí mismo y sobre la vegetación. El grupo de vecinos ya consolidado fue a hablar con el encargado de la obra, le explicaron la riqueza del lugar y cómo podía afectar a las especies nativas e hicieron un acuerdo: el contratista prometió depositar la tierra sólo en la entrada y pidió perdón. Además, los jóvenes pararon un incendio la noche del 31 de enero. Cuatro personas vieron chispas a unos metros de donde estaban y después llamas de fuego. Primero llamaron al 911 y luego llenaron baldes con agua. Pero no se pudieron acercar mucho porque el incendio ya era demasiado grande. Un camión de bomberos no bastó y tuvo que ir un refuerzo. “No sabemos qué hubiera pasado si no estábamos cuidando”, recuerda Joaquín.

“Cuando empezamos, hacías un pozo, plantabas algo y no crecía. No entendíamos por qué y fuimos aprendiendo a la fuerza”, cuenta Nicolás. Ellos se empezaron a meter entre la vegetación, cardos que pinchaban y plantas que los raspaban, para buscar los mejores caminos. Se abrieron paso e hicieron senderos no solo para llegar a un lugar, sino como cortafuegos: si se incendia un pastizal no se propaga a otra parte del predio. Los recorridos quedaron marcados por adoquines en los costados. “Todo a mano”, dice Nicolás, y agrega que lo máximo que se puede transportar son entre tres y cuatro adoquines con los dos brazos. En los caminos más cortos hay más de cien piedras acomodadas.

El predio limita lateralmente con el Círculo Naval. También linda con el Club Obras Públicas, que fue el encargado de ganarle el terreno al río con relleno de sedimentos hasta que un fallo de 2008 del Juzgado de Primera Instancia en lo Contencioso Administrativo N° 1 de San Isidro condenó a la institución a detener la descarga de materiales. “La intendencia municipal de Vicente López viene ejecutando desde el año 1988 actos depredatorios sobre toda la faja costera de su jurisdicción, descargando y permitiendo arrojar, miles de toneladas de todas clases de residuos”, resalta en su resolución el juez José Abelardo Servin.

El miedo a que se inicie un negociado inmobiliario como el shopping de Laprida y el río está latente. Joaquín lee un informe desde su celular y cita a Ricardo Barbetti, investigador en cuidado del ambiente, para dejar en claro lo que ellos quieren: “Un espacio para recrear y aprender para todos. Es escaso en la zona y la gente lo aprecia. Es necesario no innovar para detener la destrucción, dejar que la naturaleza vuelva a su esplendor, plantar especies nativas, hacer senderos”.

Mucha gente se acercó a Yrigoyen y el río a mediados de 2016 para ayudar. Estudiantes de agronomía, de biología, especialistas en permacultura. Y también, diferentes organizaciones que se dispusieron a ayudar: Unidos por el Río, Juntos somos un bosque, el Vivero Comunitario de Ciudad Universitaria (VICCU) , Club de Observadores de Aves (COA) de Vicente López Un árbol para mi vereda y el Grupo de educación y conservación ambiental (Geca). A fines del año pasado, el COA Vte Lopez hizo un relevamiento de las especies que hay en el predio: encontraron 153 hasta el momento, algunas en peligro de extinción.

Nicolás y Joaquín explican que antes al predio lo llamaban Camino de Maleantes. Cuando ellos empezaron a ir no iba mucha gente porque le daba miedo, y los únicos que pasaban con sus equipos eran los pescadores. Rodolfo es un fotógrafo de aves y necesita transportar siempre un equipo caro y pesado para hacer su trabajo. Antes de que el grupo de jóvenes se hiciera cargo del lugar, no se animaba a entrar y sacaba fotos sobre el cemento del vial. Ahora, dice que no tiene problema en ir de mañana, tarde o noche solo para estar entre la naturaleza: “No se puede perder esto”.

2 COMENTARIOS

  1. Buenos días, conozco bien la historia por haber participado en las asambleas de la zona y con los compañeros de Unidos por el río en defensa de los espacios públicos. Y también me acuerdo cuando estuvo Cristina Fernandez junto con el “japonés ” García apoyando el vial costero, y dijo que había “once que ponían palos en la rueda” refiriéndose a los asambleístas y vecinos que nos oponíamos. Un poco de memoria.

  2. La noticia entonces es que desalojaron a los que en menos de dos años espantaron a los animales que desde hace décadas vivían tranquilos, con los inocentes senderos le cortaron el paso al río a cientos de especies que debieron abandonar el sitio para que los hippies hagan “asambleas” en fogatas escondidos en la obscuridad del yuyal. Bien la prefectura! Si querés cuidar el bosque no vayas a molestar, en la parte pública tenés caminos, bancos, luces. Y si querés hacer caminos anotate en vialidad.

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