La historia detrás de los payasos asesinos de Villa Martelli

La historia detrás de los payasos asesinos de Villa Martelli

El crimen de Omar Ibáñez enlutó al barrio Loyola, en San Martín. Aunque con miedo, los vecinos preparan una marcha en honor a la víctima. Aseguran que quiso enfrentar a un grupo de narcos que se instaló en la villa en los últimos meses y que por eso lo mataron. Militante y solidario, así lo describen y lo lloran.

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“Loyola está de luto”, decretaron los vecinos de ese humilde barrio de San Martín, todavía consternados por el asesinato de uno de sus habitantes: Omar Molina Ibáñez. El crimen ocurrió anoche en Villa Martelli, partido de Vicente López, y se difundió como el caso de los payasos asesinos, por las máscaras que portaban los homicidas. Las primeras versiones vinculaban a la víctima con el negocio de las drogas, pero en el barrio aseguran lo contrario: “Omar quiso sacar a los narcos que habían copado la villa y lo mandaron a acribillar”.

“Diez tiros le dieron. Tres en la cabeza y siete en la espalda. Están todos los vecinos con él, era un pibe muy querido. El padrino de mi hijo, no se puede creer”, dice Juan Manuel “Kunfu” Cáceres, primo de Omar y ex concejal del Frente para la Victoria (FpV) en San Martín. En diálogo con El Argentino ZN desde el hospital, se quiebra una y otra vez durante la conversación. “Lo quiere todo el mundo. Él nunca estuvo en el tema de las drogas. Se enfrentó a los narcos de la villa. Los quería sacar, porque habían copado el barrio”, cuenta.

Según el portal SM Noticias, días atrás había mantenido una fuerte discusión con miembros de ese grupo, que terminó con un balazo rozándole la mano. La banda habría llegado a Loyola desde la Villa 18, tomando el control de los pasillos en poco tiempo. Según esa versión, habría contratado a sicarios para actuar contra Omar.

En el barrio casi nadie quiere hablar. De boca en boca y mediante las redes sociales comenzaron a organizar una marcha para este sábado, a las 18. “Cortemos la Constituyentes desde Villa Concepción, Campos, Melo, Güemes, Loyola, Villa Martelli, Villa Maipú (La Rana, Villa Zagala). Salgamos todos los vecinos que los queríamos y respetábamos a Omar”, dice el mensaje que circula por Loyola y alrededores. “Que vean los que lo mataron que él sigue vivo en el corazón de todos; persona como él ya no las hay. Solo pido que salgamos a la calle para darle nuestro agradecimiento a una gran persona. Ayudemos a Loyola a sacar del barrio a estos narcos que no tienen ningún respeto por el otro. No callemos la voz”.

Sin dar nombres, entre quienes lo conocieron algunos se animan a describirlo. Militante del FpV, amante del fútbol –jugaba en el Centro Deportivo de Loyola y en el Club Mitre de San Martín, entre otros-, solidario. “A veces había lío entre vecinos y él se metía para calmarlos. Paraba la bronca cuando había peleas barrio contra barrio”, resalta uno de sus amigos. Y refuerza la hipótesis sobre los motivos de su asesinato: “Se había agarrado con los narcos de Loyola. Primero les fue a hablar, a decir que la corten. Porque están como en las favelas, con chalecos, ametralladores. Se instalaron hace unos meses y él los quiso frenar. Él estaba en contra de la droga y en Loyola está todo muy sacado, hay mucho paco. Antes no era así. Y los que más sufren son los vecinos”.

Omar Molina Ibáñez iba a cumplir 41 años en agosto. Siempre vivió en villa Loyola, en San Martín, donde militaba para el Frente para la Victoria. Era padre y estuvo preso por robo pero nunca por un tema de drogas, según sus allegados. Anoche, fue asesinado cuando circulaba solo con su moto por Güemes, entre Constituyentes y La Habana. Antes había pasado por el club y la peluquería. De repente un auto rojo –sería un Renault Clío- lo chocó adrede. Cuando estuvo en el piso, lo acribillaron dos hombres enmascarados como payados.

“El comentario que hacía la gente es que habían visto un coche rojo del que bajaron dos personas con máscaras de payasos. Antes chocaron a la moto para pararla y el hombre cayó en la vereda. Primero bajó uno, le pegó no sé cuántos tiros, y después como vieron que el pibe se movió, se bajó el otro y lo remató”, contó a los medios Claudia, vecina del lugar del crimen. “No fue un robo, la Policía dijo que no le llevaron nada. El celular estaba en la calle, tenía un casco en el brazo y una mochila puesta, no le sacaron nada. Después vino la familia, lo subieron a una ambulancia y se lo llevaron”, agregó. Omar fue trasladado al Hospital Belgrano de San Martín, adonde llegó sin vida. En el lugar del crimen los peritos recolectaron vainas calibre 9 milímetros.

“Que no se digan boludeses. No hay nada malo para decir de él”, se indigna –y enseguida se quiebra- un amigo de la familia Ibáñez que conocía a Omar desde que nació. “Era muy querido, trataba de poner un freno a esto. Todos los que queremos hacer algo contra esto no podemos. Hay policías, fiscales, jueces, todos corruptos”, dice al describir la situación de las drogas en el barrio.

“Era un pibe que tenía un don aparte. Si tenía que sacarse la camiseta y dártela porque tenías frío, te la daba. Viene de una familia con un padre que fue jugador de fútbol. Si tenía 10 pesos y había una madre con hambre, se los daba. Hablaba en el gremio –de Panaderos, donde trabajaba- y conseguía el pan para hacer algo con los chicos. En lo que podía ayudar, ayudaba”, recuerda el hombre, quien también pide resguardar su identidad. “No sé qué va a pasar con el barrio. Esto cambió hace seis meses. Está quebrado. Está muy feo”.

En el territorio militaba en la Agrupación El Plumerillo, en villa Zagala, a metros de Loyola. “Omar era fuera de serie. Quería transformar de inmediato. Se llevaba pibes a la pileta de su casa, iba a la verdulería y compraba frutas, siempre estaba entregando algo. La última vez que hicimos en Loyola una campaña de vacunación, le pedimos que compre una bolsita de caramelos para que los chicos tomen ánimo. Cuando llegamos, había comprado alfajores, chupetines y caramelos para cada pibe. Y como algunos lloraban de miedo, iba corriendo a comprarles un helado”, relata un integrante de la Agrupación, donde preveían un velorio multitudinario.

“Omar tomaba las palabras y las convertía en acción. Un tipo que muere porque amaba a su barrio y no quería que entren los narcos, que habían transformado al barrio y la gente no se sentía bien. Quizá su único defecto fue su omnipotencia. Quiso encarar él solo para que se vayan”, reflexiona uno de sus compañeros, y convoca a la marcha. “Ojalá quede algo de su lucha. Así trasciende, y él termina ganando –dice- Porque hay narcos que ya se fueron, pero algunos quedaron”.

3 COMENTARIOS

  1. Es cierto lo del auto rojo xq ese Mismo dia del asesinato de omar en el playón de Loyola llego un auto de similar marca de auto y fue llevado con cosas sacadas del nido de ratas en donde se hospedan qe todo el mundo ya sabe qe es en cercania al playon y donde venden las drogas siempre mas armas y bidones de nafta seguramente el conductor era el asesino y lleva todo para quemar.. un asco esta el barrio desde qe llegaron de la “18” .. antes estábamos tranquilos y en paz dentro de todo lo que implica una villa.. justicia x Omar ibañez
    “LA UNION HACE LA FUERZA” BARRIO LOYOLA NO SE DEJEN PISAR LA CABEZA SOMOS UN BARRIO HUMILDE NO ARRUINA GENTE COMO ELLOS!!!

  2. La van a pagar loco estos hijos de putas la van a pagar yo le decia que lleve un arma que esos los jodes y te dan el vuelto pero el era asi lastima amigo te juro que los vamos a encontrar a los mierda que te quitaron la vida

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