Ni una menos: Benavídez marchó por Elizabeth

Ni una menos: Benavídez marchó por Elizabeth

Familiares, vecinos y amigos de la mujer asesinada de 15 puñaladas por su esposo en Tigre salieron a la calle para exigir Justicia. El femicida ya está preso, pero no es el único responsable. La Policía llegó a la vivienda momentos antes del crimen, creyó la versión del agresor y se retiró sin hacer nada.

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La marcha por el femicidio de Elizabeth en Benavídez

La familia lo sabía. El barrio lo sabía. La Policía lo sabía. Elizabeth Alves de Olivera era víctima de violencia de género por parte de su marido, Juan Daniel Herrera. Pero pese a las alarmas y denuncias previas, el Estado no actuó para evitar el femicidio de 15 puñaladas. Durante el atardecer del último viernes, la bandera del “ni una menos” se desplegó en Benavídez, partido de Tigre. Parientes, amigos y vecinos de Elizabeth salieron a la calle para exigir Justicia.

El desenlace fatal ocurrió pasada la medianoche del martes, pero la historia comenzó mucho antes. Esa madrugada, tras un llamado al 911 –del hijo de la pareja o de una vecina, según las versiones-, la Policía acudió a una vivienda de El Salvador al 1000. La denuncia indicaba que una mujer estaba siendo atacada y gritaba. Quien les abrió la puerta a los agentes fue el esposo agresor, Juan Daniel Herrera. Dijo que allí no pasaba nada, y los policías se fueron. Instantes después, 15 puñaladas terminaron de matar a Elizabeth, de 53 años y madre de seis hijos. Tras el femicidio, la detención de Herrera se concretó en pocas horas. Ya era tarde.

Dos días después, el barrio marchó. Una amiga de la familia sugirió salir a la calle, una sobrina de la víctima se ocupó de convocar a través de las redes sociales, y en cuestión de horas se organizó una marcha hacia la comisaría local. La misma que recibió la denuncia cuando todavía se podía evitar el femicidio, pero creyó la versión del femicida y se retiró sin hacer nada.
“Pedimos que haya más leyes que protejan a la mujer, que haya más policías ocupándose de esto. Mi primo contó que llamó a la Policía y no hicieron nada, los vecinos estaban muy enojados. Todos conocían a mi tía, sabían las cosas que estuvo pasando”, dijo Andrea Luján, sobrina de Elizabeth, en diálogo con El Argentino ZN.

“Quien asesinó a Elizabeth le asestó 15 puñaladas. Pero hay una más, la número 16, que no partió del cuchillo de su marido, sino de la desidia y la irresponsabilidad de un sector del Estado.”

Fuentes policiales confirmaron a la familia que los efectivos que acudieron esa noche al domicilio y dieron por válida la versión del agresor fueron apartados de la fuerza y se les abrieron sumarios. “La Policía dijo que iban a hacer una junta con un gabinete para que los agentes sepa las nuevas leyes que hay. Nos dijeron que a los policías que actuaron mal los echaron”, contó Luján. La medida llega demasiado tarde. Todo policía en actividad ya debería saber que en el caso de una denuncia por violencia de género, sin necesidad de esperar la orden judicial, tienen atribución para demorar al denunciado sin concretar una detención, como una forma de apartarlo hasta que la potencial víctima esté fuera de riesgo.

En este caso, además, había antecedentes concretos. “Se sabía que era violento. Mi tía venía a dormir a mi casa. La acompañábamos a la comisaría a denunciar. Ponían una perimetral y él volvía a los dos meses. ¿Qué podíamos hacer si ella lo dejaba entrar? –se preguntaba la sobrina, después de la marcha- Nosotros tratábamos de alejarlos”.

Herrera, el femicida, casi no tenía vínculo con la familia de su esposa. “Ya sabíamos cómo era y mucho no lo queríamos. Ni siquiera nos saludábamos. Pero hacía mucho que estaban juntos, la hija más grande tiene 22 años”, relató Luján. Según pudo saber el entorno de la víctima, el asesino ni siquiera intentó esconderse, como se dijo en un primer momento. Por indicación de los parientes, la Policía lo encontró tomando cerveza donde lo hacía siempre, a metros de la gomería en la que trabajaba, en Garín. Desde entonces, está preso.

“Ni una menos”, “Justicia por Eliza”, “El Estado es responsable” y “Basta de femicidios” se leía en algunas de las pancartas de la marcha del viernes hacia la comisaría local. En tanto, los familiares de Elizabeth ya declararon ante la Justicia y reciben asistencia psicológica. Sobre todo para uno de los hijos de la pareja, de 19 años, presente en la casa la madrugada del femicidio. La mujer tenía otras tres hijas mujeres, un varón en Misiones que aún no pudo viajar y un chico menor de edad, que está junto a su abuela.

“Quien asesinó a Elizabeth hace algunas horas, le asestó 15 puñaladas. Pero hay una más, la número 16, que no partió del cuchillo de su marido, sino de la desidia y la irresponsabilidad de un sector de la administración del Estado, que actualmente no diseña políticas públicas que garanticen que una mujer que pide ayuda, no quede desprotegida por el propio Estado y a merced de su verdugo”, escribió el ex juez federal Carlos Rosanski, en una columna publicada por Página 12. “Si se comprueba lo que se publicó, en cuanto a que la policía llegó al domicilio y se retiró sin tomar medida alguna para proteger a Elizabeth, no sólo debería estar preso el dueño del cuchillo –alertó el ex magistrado- sino además quienes, abandonando a la víctima, le facilitaron descargar su violencia en 15 puñaladas fatales”.

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