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Claudia Silva es cartonera desde hace treinta años. A fines de los ochenta empezó a caminar las calles junto a su mamá: recorrían el barrio porteño de Belgrano con un changuito de supermercado. El papá juntaba papel blanco o de diario en bolsas de arpillera. Los tres se subían al furgón del tren Mitre en la estación de José León Suárez –donde Claudia todavía vive- y viajaban hasta la Ciudad de Buenos Aires. Vendían lo que juntaban cada quince días. Claudia recuerda entre risas que su papá mojaba algunos cartones de los fardos para que pesaran más. Ahora, ella tiene 48 años y es presidenta de la Cooperativa Nueve de Agosto, que trabaja en la recolección y el reciclado de residuos sólidos de la capital. Está sentada en la oficina del galpón que tiene la asociación, en el partido de San Martín. Mientras firma boletas y recibos de sueldo, enumera lo que consiguieron con esfuerzo y organización: el lugar para trabajar, un salario, uniformes. Pero también denuncia que en los últimos meses sufrieron cada vez más ataques, en la calle y en los medios, hacia los cartoneros. “A veces me pregunto ¿por qué no van a molestar a la gente que miente y hace las cosas mal? Si nosotros somos trabajadores”.

El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires integró doce cooperativas de cartoneros al Servicio Público de Higiene Urbana en 2002. Una de ellas es la Asociación Civil El Amanecer de los Cartoneros, que pertenece al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE). La Nueve de Agosto era un grupo de trabajo hasta que se acercó también al MTE. En una reunión en la Plaza 5 de Noviembre de Suárez eligieron a Claudia como delegada y ella hizo el nexo. “No sé por qué me votaron a mí”, cuenta ella. En 2011 terminaron los papeles y se transformaron en una cooperativa. Hoy, en la asociación trabajan más de 200 familias. La mayoría se encuentra dentro del sistema. Cobra un sueldo fijo por mes de 6800 pesos y un incentivo de 1500: 8300 en total. Pero alrededor de 20 personas están en lista de espera y solo reciben el valor de lo que recolectan. “Todos los años es una lucha constante para sumar más gente y más beneficios”, aclara Claudia.

Foto: Pablo Caprarulo.

En los municipios de zona norte hay cerca de 10.000 trabajadores dentro del sistema de reciclado, según un relevamiento del MTE. Sin embargo, no están conformados legalmente como cooperativas aún. Los conocen por nombre y apellido de sus delegados. “Hay unidades en San Martín, Escobar, San Fernando y Tigre”, explica Diego Asproni, militante del MTE. Todas recolectan en la Ciudad.

“En lo local tratamos de hacer los diferentes acuerdos con intendentes y poder lograr que se aprueben las ordenanzas para la recolección en los partidos. En Vicente López nos frenaron el proyecto en el Concejo Deliberante. Por eso necesitamos desarrollar dos puntos importantes: organizar a los trabajadores para poder pelear mejores condiciones laborales y conseguir la unidad de todos los sectores”, indica por su parte Santiago Taibo, de la Confederación de Trabajadores de la Economía Popular (CTEP) de Vicente López.

Las trabas estatales son, por caso, las que generan que miles de cartoneros sigan trabajando en la ilegalidad. Así lo explica Asproni: “Hace un mes, las cooperativas renovaron su trabajo con el gobierno porteño por cuatro años más, pero no permitieron modificar el pliego de la licitación para obtener mejores condiciones en el trabajo, que están absolutamente precarizadas y que no incluye a muchos trabajadores, algo que venimos reclamando desde hace años”.

Una historia de lucha

Después de la crisis de 2001, la empresa Trenes de Buenos Aires (TBA) puso un servicio especial para los cartoneros: el Tren Blanco. “La gente que tomaba la línea regular se empezó a quejar. Entonces agarraron un tren, le sacaron todos los asientos e hicieron un horario especial para nosotros”, hace memoria Claudia. El ferrocarril partía a las 17 de Suárez y paraba en Pueyrredón, Urquiza, Belgrano R, Colegiales, Carranza y terminaba en Retiro. Tenía tres horarios de vuelta: a las 20, 22.30 y 24. En las condiciones del acuerdo que hicieron con la empresa y el gobierno de la Ciudad se explicitaba que si algún trabajador perdía el servicio, no podía subirse al común. La prestación especial duró hasta 2008, cuando TBA vendió las maquinarias al exterior. Los cartoneros y el MTE llenaron las calles para pedir la restitución del servicio que les permitía transportar los carros. Y consiguieron la primera victoria. Con presupuesto de TBA y del ejecutivo porteño se creó el servicio de camiones, que continúa vigente.

A mediados de 2016, el gobierno intentó quitarle el trabajo a las cooperativas y privatizar el servicio.

No fue la única batalla que ganaron los cartoneros. A mediados de 2016, el gobierno intentó quitarle el trabajo a las cooperativas y privatizar el servicio. Los trabajadores se movilizaron el 14 de julio en Parque Lezama -donde habían mudado las oficinas de la Dirección General de Reciclado- y lograron frenar la medida. Ahora sienten que cada vez las críticas hacia el trabajo son más recurrentes. Sin ir más lejos, hace dos semanas y en medio de la renovación del contrato con el gobierno de la Ciudad, el portal nacional Infobae publicaba una nota de opinión titulado “Relato basura”, en la que acusaba a los cartoneros de ser los culpables de la suciedad en la Ciudad. “Nos dio bronca porque no es verdad lo que dicen. Nosotros limpiamos. Se creen que como somos cartoneros somos ignorantes. Y no es así”, afirma Claudia. Entre dientes, casi como un susurro, suelta que siempre que se vean amenazados van a marchar: “Pacíficamente, como lo venimos haciendo”.

 

En el sistema de recolección y reciclado actual hay dos tipos de cartoneros: los que todavía tiran carros -viajan en tren, pero trasladan la carreta en camión- y los que juntan de mano en mano en unas cuadras determinadas y lo amontonan en un bolsón. Javier tiene 36 años y pertenece a este último grupo. De lunes a viernes recorre dos cuadras de la avenida Forest. “Los vecinos ya me conocen”, dice. Tiene un policía amigo en un supermercado chino y sabe que los negocios que más residuos le entregan son Telecom y Chevrolet. Viaja con sus compañeros de la Nueve de Agosto en el Mitre y cubren las zonas de Avenida Balbín y Roosevelt, Avenida Forest y Los Incas, y Blanco Encalada y Holmberg. Cuando terminan la recolección, los camiones levantan los bolsones y llevan los residuos hasta el Centro Verde de Parque Patricios, que pertenece al Amanecer de los Cartoneros. Hacen 15 kilómetros y atraviesan la capital. “Uno de nuestros pedidos es tener un Centro Verde más cercano para nosotros, en alguno de los barrios donde trabajamos”, reclama Claudia.

Por su lado, los carreros vuelven con lo que juntaron arriba de los micros hasta el galpón de San Martín. Allí les pagan por el peso de los diferentes materiales. En el lugar se guarda el cartón, el nylon, el papel blanco o de diario y el plástico. La cooperativa vende siempre los residuos a la misma papelera, menos el plástico, que queda enfardado y acopiado contra una de las paredes del edificio. “Es difícil venderlo, por eso estamos buscando hacer ladrillos ecológicos”, dice la presidenta de la cooperativa mientras camina el predio. A su lado, los trabajadores descargan los carros para poder salir a la tarde.

“Yo prefiero juntar mierda que salir a lastimar a la gente”, dice Javier. Los que lo escuchan se quedan callados. Asienten con la cabeza. El hombre sigue y cuenta que en 2008 se tiñó el pelo de rubio platinado y la policía lo llevó a la Comisaría N° 33 porque lo confundió con un ladrón. No le creyeron que era cartonero porque llevaba un jogging, unas zapatillas de marca y una chomba azul. “Me gustaba vestirme bien”, explica. En un día fue llevado de la seccional de la Federal a Comodoro Py, y de los Tribunales a la cárcel de Devoto. Estuvo cuatro días preso y se llevó de recuerdo una puntada en la panza y otra en un brazo.

“Siempre trabajé en la calle y tuve problemas, pero no me guardo nada”, aclara. Hace unas semanas, tocó el timbre de una casa, salió una señora que lo miró de arriba a abajo y no le quiso entregar los residuos. Javier le explicó que pertenecía a la cooperativa y le mostró sus documentos, pero terminaron en una discusión. Estas escenas se repiten en el trabajo diario de los cartoneros. Por eso, desde la Nueve de Agosto tienen el grupo de promoción y concientización que conforman seis mujeres. Ellas se encargan de visitar las casas y los grandes generadores de residuos para explicar a los vecinos por qué y cómo se debe separar la basura. Además, conocen a fondo las dos leyes que los amparan: la 992 de Higiene Urbana y la 1854 conocida como Basura Cero. “La gente a veces le cierra la puerta en la cara a los compañeros. Para cambiar eso estamos nosotras”, detalla Daiana García, una de las encargadas del conjunto especializado.

El grupo de promoción forma una parte del trabajo social que hace la cooperativa. Los cartoneros están de acuerdo en que esa es una arista primordial: ayudar al que más necesita. Cerca del galpón, también dentro del partido de San Martín, está ubicado el depósito de residuos del CEAMSE. Los que viven cerca, lo conocen como “la quema”. Sandra solía ir a buscar restos de comida, cobre, juguetes o cualquier cosa que le sirviera. “Había que arriesgarse para vivir otro día”, dice la mujer. Hasta que conoció la Nueve de Agosto y otro tipo de recolección. “Esto me salvó. Igual hay mucha gente que sigue ahí y lo hace porque no tiene otra escapatoria”, recuerda.

“Esto me salvó. Igual hay mucha gente que lo hace porque no tiene otra escapatoria”

Los miembros de la cooperativa también están orgullosos de un merendero y una guardería que lograron instalar. En el lugar trabajan diez mujeres que se encargan de cocinar y entretener a los hijos de los que salen a recolectar. “No consideramos que esto sea sólo un trabajo”, dice Claudia. Mientras termina de firmar recibos y boletas, la gente que pasa a cobrar se queda a escucharla y toma mate dulce. Diez mil es uno de los últimos datos que la mujer menciona. No es plata, sino la cantidad de familias que dependen formal e informalmente del trabajo cartonero.

-¿Qué pasa si vuelve la idea de la privatización, de sacarles el trabajo en la calle?

-No lo vamos a permitir. Ni acá ni en ningún lado. Y si nos tocan a uno nos tocan a todos.

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