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Fotos del facebook de Fernando Figueroa y de su página Entre Ríos y Arroyos.

La Navidad siempre fue un momento mágico para los más chicos, ya sea por disfrutar a toda la familia, por las luces incandescentes que no paran de parpadear o por el tan ansiado regalo final. ¿Pero qué sucede cuando el deseo sólo es conocer a Papá Noel y la distancia no lo permite? Para Fernando Figueroa, de 39 años, esto no es un impedimento: hace unos días se vistió del mítico personaje rojo, se subió a una lancha y salió a recorrer las Islas del Delta de Tigre con pequeños presentes para los niños. “Las sonrisas de los chicos es el mejor regalo que tengo”, dice, al conversar con El Argentino ZN.

“La idea surgió porque los más chiquitos de ahí no tienen la posibilidad de conocer a Papá Noel”, dice. Y cuenta que armó unas 300 bolsitas con golosinas, turrones y chocolates que consiguió de donaciones de vecinos de la zona. Para eso, armó una campaña por las redes sociales en las que llamó a colaborar con golosinas. Luego, pasó a buscarlas por las casas de las personas que solidariamente participaron.

Durante semanas, Fernando dedicó su poco tiempo libre para preparar su regalo de Navidad a los niños de las Islas. Sucede que trabaja en una fábrica de Toyota, en Zárate, lo que le demanda más de 40 kilómetros de viaje todos los días. La última semana antes de la entrega de los regalos, dedicó una hora y media por día de sus noches para prepararlos junto a su mujer.

Finalmente, el sábado pasado, Fernando adelantó las festividades de varias familias en el Delta: se levantó temprano, preparó las cajas con los regalos, fue a la guardería del municipio para retirar una lancha, la adornó con globos y guirnaldas y se vistió de Papá Noel con un disfraz que le prestó una amiga. Luego de tantos preparativos, el motor del vehículo acuático se encendió para partir hacia una nueva aventura, sin renos de por medio. La ruta marcada fue por la Primera Sección de Tigre –que contempló el paso por los arroyos Gambado, Sarmiento y Toro; y los ríos Capitán y Luján- y la Segunda Sección de San Fernando –arroyos Felicarias y Estudiantes y Canal Laserna-.

Al llegar a cada casa, la fascinación de los niños fue en aumento. “Me acuerdo de una nena que me abrazó fuerte y me dijo que me quería. Es increíble e impagable ese momento”, se emociona. Sin embargo no fue el único momento emotivo porque en su recorrido por las aguas de San Fernando un par de chiquitos corrieron a su casa para traerle la cartita con el pedido de los regalos.

Desde el comienzo la iniciativa contempla a los más humildes. “Cuanto más te alejás de Tigre, más pobreza se ve”, cuenta. Pero la ilusión infantil no sabe sobre estratos sociales. Es así que el héroe de la Navidad saludó y regaló golosinas a cada pequeño que se cruzaba en su camino hasta que el sol se escondió.

Fernando comenzó con esta iniciativa el año pasado, una idea que se le ocurrió en su vínculo con los vecinos y vecinas del Delta: desde hace un tiempo colabora en las islas con donaciones o actividades solidarias. Además, a través de su página de Facebook Entre Ríos y Arroyos, donde se comparte todo tipo de informaciones relacionadas con el Delta, le llegan comentarios o relatos de sus vecinos que ponen en relieve las necesidades de cientos de isleños.

¿Por qué decidió regalar dulces y no juguetes? “Para un fin de año llevamos una vez juguetes a un comedor, pero se hace complicado por la variedad de artículos y las edades de los chicos. Porque le terminás regalando un peluche a un chico de 14 años”, cuenta. Pasada la experiencia, decidió cambiar de obsequio; aunque para él, el mejor de todos los regalos es que los chicos “puedan conocer al hombre rojo de barba blanca”.

A pesar de su inevitable lado comercial, la fiesta es una excusa para juntar a la familia. Fernando todavía recuerda esas largas noches donde compartía vitel toné, arroyado de matambre, risas y paz con los suyos, en la casa de sus abuelos en General Pacheco. “Más allá de que los tiempos cambiaron, todavía se mantiene la esencia de reunirse y disfrutar”, opina el Papá Noel de Tigre, quien espera al próximo año para volver a cargar la lancha de regalos, sueños y alegría. Y finalmente repartirla a quienes más lo necesiten. “Desde hace unos años que espero esta fecha sólo para hacer esto. Me llena el alma”, concluye el héroe de la Navidad de Zona Norte.

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