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El cartel del Municipio de Tigre anunciando la construcción del edificio.

Desde un garaje ubicado en Buschiazzo al 2200, cerca de las vías del Ferrocarril Belgrano Norte, la Biblioteca Popular José Ingenieros continúa exigiendo el espacio propio, para seguir creciendo como ámbito de lectura y contención social. Su tesorera, Ana María Alós, repasa el camino de más de cinco años de promesas incumplidas. “Primero nos prometieron un subsidio de 400 mil pesos de la Comisión Nacional de Bibliotecas Públicas que se perdió en el ciberespacio. Después, firmamos un convenio por $ 600 con el Ministerio de Obras Públicas de la Nación y la Municipalidad de Tigre, que no sé si se quedaron en los bolsos de López o en la campaña de Massa”, expresa con indignación Alós, quien lleva 16 años en la institución.

El terreno en cuestión queda en Alem 2350, entre Francia y Suiza, y una documentación fechada en 2011 expresa que allí se va a construir la Biblioteca Popular José Ingenieros. También lo indica un cartel con la gráfica del Municipio de Tigre y un anuncio de construcción “próximamente” (ver foto). Sin embargo, las obras nunca comenzaron y no parecen estar en las prioridades para el año próximo. “Tenemos el convenio firmado por la Municipalidad de Tigre y el Ministerio de Obras Públicas de la Nación. Y un montón de promesas de palabra. Pero nunca llegó un peso”, agrega la tesorera.

Además de brindar talleres de guitarra, literatura, origami e inglés, la biblioteca cumple una importante función social para la comunidad, con apoyo escolar gratuito para los alumnos de escuelas públicas y un fin integrador limitado por las dificultades del espacio. “Somos la única biblioteca popular parlante de zona norte, a la que asisten muchos socios ciegos o con baja posibilidad de visión. También tenemos apalabrado a un profesor de computación que no puede ingresar porque está en silla de ruedas”, expresa Alós.

La construcción del edificio propio no sólo permitiría aumentar la capacidad del espacio y potenciar las actividades, sino también alivianar los gastos en una época de tarifazos. “En enero aumenta el alquiler y a fin de año terminaremos pagando alrededor de 10 mil pesos, es terrible. Tengo que agradecer que el municipio nos recategorizó, y eso nos permite estar más desahogados, porque de Conabip no vino la subvención que corresponde”, finaliza la tesorera.

El concejal por el Frente para la Victoria, Sergio Romano, tomó el reclamo de la biblioteca y lo llevó al legislativo local, con un resultado similar de promesas incumplidas, aunque con el logro de la recategorización. “Como concejales nos reunimos con funcionarios de hacienda y accedimos a detalles del presupuesto 2017. La construcción de la biblioteca no está contemplada en un presupuesto de más de 7 mil millones de pesos”, denunció el edil. “Lo que aducen es un problema legal sobre el terreno, cuando hay un montón de terrenos que se han expropiado. Hace rato que están con la promesa, pero no muestran voluntad de cumplirla”.

Romano apunta a que el tema sea tratado el próximo martes, en la última sesión del año del Concejo Deliberante. “Durante las sesiones ordinarias hicimos un pedido de informe al municipio con respecto al convenio de la construcción de la biblioteca y está cajoneado en comisiones. Creemos que se puede cumplir con un compromiso de tanto tiempo, sobre todo con un presupuesto exorbitante, en el que, además, figura una biblioteca de otra localidad”.

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