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San Martín es el mayor polo de la industria textil del conurbano bonaerense. En ese municipio funcionan unas 252 industrias de este tipo, que representan uno de los sectores más devastados: en lo que va del año, casi 15 mil trabajadores del rubro de todo el país fueron despedidos o cesanteados, según un informe del Centro de Economía Argentina (CEPA).

¿Los motivos? Una serie de decisiones políticas y económicas desde el cambio de gobierno nacional: la apertura indiscriminada de las importaciones, la reducción del mercado interno y el tarifazo de los servicios de agua, luz y gas dejaron esta industria en jaque mate, tal como lo reveló ayer un informe del diario Página/12.

La Asociación Obrera Textil (AOT), ubicada en el centro de San Martín, en tanto, tiene un padrón de 3500 trabajadores, tanto de ese distrito, como de Moreno, José C. Paz y San Miguel. Dentro de su radio de acción, unas 50 empresas dieron vacaciones anticipadas, mientras que hubo unas 400 suspensiones y 300 despidos. Además, solo en San Martín, ya son tres las fábricas que cerraron definitivamente: Edolán, Broderie Suizo y Jardena S.A. Otras están en una situación de incertidumbre.

“La caída de la industria textil viene de la mano de los grandes empresarios. Los trabajadores no somos los importadores”, señaló a Página/12 María Victoria Olalla, titular de la AOT San Martín, y apuntó así a los empresarios, quienes a su vez relatan las inclemencias de la economía en su sector, que amenaza con terminar de darles el guadañazo. “Los empresarios de la FITA (la cámara) se sacaron la foto para el pacto antidespidos y al día siguiente estaban echando gente. Nosotros tenemos el mayor padrón del país de la AOT, y en menos de seis meses se nos cayeron quinientos compañeros”, agregó Olalla.

La agonía en primera persona

Un fabricante de toallas y tapizados de San Martín accedió a una entrevista con Página/12, donde reveló lo que dijo provocarle “tristeza” y “vergüenza”. Aunque pidió no dar a conocer su marca, relató que hasta el verano pasado, con producción plena, daba trabajo a 30 personas de manera directa y a más de 60 de forma indirecta. Pero acaba de despedir a cinco trabajadores, con una indemnización del 150%. Y dice que le sigue sobrando gente porque la producción se redujo casi en su totalidad.

Según explica, el principal verdugo de su fábrica es la importación. Así, mientras para él fabricar un metro de tela le cuesta un dólar, más otro dólar para enviar a terminar el proceso de lavado y teñido, mientras que importar un metro de tela desde China tiene por costo final la mitad de los costos que a él le representan. “Están importado tela de China a un dólar el metro, como costo final. Por supuesto con dumping. Y no digamos cuánto pueden cobrar los que trabajan en esas fábricas”, señala el dueño de la fábrica. Con este esquema no hay modo de que su actividad sea rentable.

“Esta semana despedí a cinco y me sigue sobrando gente. Les ofrezco el doble de indemnización y me dicen que no… Es gente que ya vio lo de Menem. Esto no es como en el noventa, no queda nadie con el sueño de comprarse un auto y hacerse remisero”, agrega. Y cuenta que en los primeros meses siguió produciendo, porque suponía que la crisis era transitoria medida que esperaba transitoria. Durante ese tiempo empezó por sacar a los empleados que habían cumplido la edad jubilatoria. Pero como lo transitorio se estiró en el tiempo, dice que no tuvo otra alternativa de empezar a despedir a otros. “Tristísimo. Me da mucha tristeza y me da vergüenza, también”, relató.

Suspensiones + despidos = mayor precarización

De la mano de las suspensiones y despidos viene lo inevitable: los que zafaron terminan aceptando condiciones de trabajo o de pago que precarizan: los mismo datos del CEPA señalan que de los 15 mil afectados a nivel nacional, unos 11 mil fueron suspendidos frente a uno 3000 despedidos. Los que vuelven lo hacen con las condiciones que el patrón ofrece: es lo que hay.

No es casualidad que la industria textil sea, por caso, una de las más precarizadas: sin ir más lejos, hay sectores como los costureros, cuya explotación ha sido reiteradas veces denunciado por tratarse de un trabajo esclavo.  

“Es una crisis que avanza sin estallidos. Y en gran parte, esto se explica  porque todo el mundo está aguantando en estos términos. No hay cierres en cadena –al menos no todavía– sino la multiplicación de suspensiones, vacaciones anticipadas, despidos por goteo. Recursos con los que tratan de pasar el verano con la esperanza de un cambio de políticas. Porque a fin de cuentas, estamos en la Argentina: Martínez de Hoz, la hiperinflación de Raúl Alfonsín, el menemismo, el 2001 son hitos a los que todos los entrevistados mencionan en algún momento”, destaca el artículo de Página.

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