El reino de Marcial, en San Martín

El reino de Marcial, en San Martín

Un personaje y su pelota, mimetizados. Un ser misterioso con una estación de tren como escenario. Visto de reojo por multitudes al pasar, pero no observado detenidamente por casi nadie. Excepto Martín Linares, autor de este retrato y ganador del segundo premio del concurso “Relatos desde el umbral”, primer certamen organizado por El Argentino ZN.

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Por Martín Linares (*)

Desde hacía doce años, la estación de San Andrés era el reino de Marcial. Se lo podía ver apenas clareaba, guardando prolijamente sus enseres debajo de un banco, aseándose lo mejor posible, dando charla a los primeros pasajeros del día.

Su secreto era una pelota, que cuidaba como un tesoro, con la que hacía malabares cuando no había nadie en la estación. La picaba, la sostenía entre sus pies. Años ha, lo habían fichado para Atlético, pero un porteño que nunca más encontró lo convenció de tomarse el tren, para probarse en Boca.

Sobrevivió en changas y rebusques, pero nunca juntó coraje para enfrentar a la mama, que lo esperó hasta que ya no pudo.

para-ilustrar-rufian-melancolico-iiUn viernes temprano, un grupito de pibes que salían de bailar le robó la pelota al zaparrastroso; se la mostraban y no permitían que la agarre. Uno de ellos la pateó a la avenida y un camión la destrozó en un estruendo propio de un balazo.

Marcial amaneció aovillado al cambio de vías. Su cuero desnudo, reseco y transido, parecía brillar con los primeros resplandores.

Hay quienes aseguran que, desde lejos, parecía una pelota.

(*) “Aparecen personajes muy variados, bien por la propuesta”, expresó Marisa Negri, una de las juradas de la categoría textos en el concurso “Relatos desde el umbral”, primer certamen organizado por El Argentino ZN. Entre la variedad, quizás el ser más misterioso retratado por los concursantes sea Marcial, desde la estación San Andrés de San Martín. El texto, presentado bajo el título de “Ángel de paso (a nivel)”, es obra de Martín Linares –de Pablo Podestá-, bajo el seudónimo de Rufián Melancólico.

Linares se quedó con el segundo premio del concurso, tras la votación de un gran grupo de jurados que gentilmente acompañó esta iniciativa: Claudia Aboaf, autora de Pichonas (Notanpuan, sello que además contribuye con los cuatro libros que el ganador se llevará como premio) y de El rey del Agua (Alfaguara); Macarena Moraña, autora de Los escarabajos (Alto Pogo) y coordinadora de talleres de literatura y escritura en la Librería Notanpuan de San Isidro; Marisa Negri, una de las impulsoras de Biblioteca Isleña, colección inspirada en el Delta, y del Programa Libros Para Viajar y Tamara Smerling, coautora de Un fusil y una canción (Planeta) y autora de La otra pantalla, editado por el Ministerio de Educación de la Nación (2015), además de docente del taller de periodismo en la Dirección de Juventud de San Isidro.

Martín Linares, el autor ganador, se describe así: nací en Vicente López, pero soy de Palomar por elección. Tengo 41 años y soy el orgulloso papá de Vera, que ya tiene 11 años. Estoy casado con Marita, desde hace mucho y me dedico a escribir sobre lo que veo en la calle. En 2015 edité mi primer libro, Corrupta y travestida, y he tenido la suerte de recibir unos cuantos premios nacionales y provinciales y de ser parte de valiosas antologías. Actualmente edito una revista de bolsillo con intereses literarios, llamada Microscopías, mientras maqueto lo que será mi segundo libro a mediados del año próximo. Si quieren saber más, hay bastante en martolinares.com.ar.

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