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Luis Salinas, uno de los máximos exponentes de la música argentina. Foto: Carlos Furman

“Siempre hay que ser sincero al tocar”, sentencia Luis Salinas, el guitarrista y compositor  nacido en Monte Grande y con una amplia trayectoria interpretando y difundiendo la música argentina. En una nueva etapa en su carrera, Salinas se presenta el sábado en el Centro Cultural San Isidro -Avenida Libertador 16138- donde mostrará “El Tren”, su álbum editado este año. Antes del show, el músico conversó con El Argentino ZN sobre la cocina del nuevo disco, el recuerdo de leyendas como Luis Alberto Spinetta y BB King y su particular relación con la guitarra.

-¿Cómo nació la idea de “El Tren”, tu último trabajo en estudio?

-Al momento de grabar siempre miró hacia atrás para ver qué es lo que hice. Lo último fue Sin Tiempo (2010). Tuve la dicha de que Luis Alberto Spinetta le pusiera letra a un tema. Grabé en el estudio de Lito Vitale, fue como un préstamo de las llaves de su casa para que pudiera hacerlo. Fue todo muy fuerte y me tomé un tiempo largo para grabar.  El Tren es una continuación de lo hecho. Es hermoso y maravilloso porque lo grabé con gente muy querida y talentosa.

-¿Por qué ese título?

-La idea fue de Juan, mi hijo. Cuando hice este disco no tenía nombre y se me ocurrió ponerle “El Regreso”, pero me pareció grandilocuente. Luego fue “La vuelta” y hasta se podía relacionar. Como el disco empieza con el tema “El Tren”, en el que toco solo, es como si esa máquina saliera sola desde una estación hasta que, con el correr del trayecto, se va subiendo gente, que son los músicos.

-¿Cómo es tocar con tu hijo?

-Es difícil explicar esa emoción. Me acuerdo de sacarme un peso de encima en un Encuentro Cumbre. Allí voy a la prueba de sonido y Jorge Navarro me dijo que Juan iba a tocar en vivo. No se ensayó nada y tocó igual. Luego fue a un show de Tomatito en Francia. Siempre tiene que estar la opinión del otro y de la gente que uno admira. Los elogios son una motivación, pero también un compromiso. La verdad no es llegar a ningún lado, sino encontrar, vivir y disfrutar el camino.

-Vivís la música de una forma especial. ¿En qué momento se transforma en un trabajo?

-En los viajes o en los aeropuertos, eso que nos jode a los que tocamos. Sin embargo, el tocar en un ensayo o en un recital es una fiesta. Hay una diferencia entre tocar por compromiso, porque te gusta y porque lo necesitas. En mi caso, si no toco me muero y Juan va por ese camino.

-¿Qué consejo le diste?

-Antes de que subiera a tocar por primera vez le dije que no tiene nada que demostrar, que sienta sus notas y que aprenda de sus compañeros. Un artista no debe mentirse, más allá de las modas. Es tocar lo que uno siente y ser sincero con el público, que no tiene porqué entender de ritmos y armonías. Pero se da cuenta cuando uno toca con la verdad.

-¿Cómo fue grabar con Luis Alberto Spinetta?

Para pintarlo como persona, cuando llegábamos temprano a su estudio, él se iba a comprarnos medialunas. En un momento salgo de la sala y lo veo desayunando solo y sin ninguna medialuna. Vuelvo para tomar algunas y dárselas, pero se negó porque eran para nosotros. Otra que recuerdo es que cuando me mostró la letra para “Y aparece tu piel”, en un pie de página puso “si es aceptada, se puede mejorar”. Cuando lo grabamos, le agradecí por escuchar un sueño y fue demasiado para mí. Luego fue la dicha de que Juan lo conozca. Era como la casa de Miguel Ángel. El era así de humilde y cuando él venía en todo el lugar había luz. Es de los más únicos del mundo, su manera de componer, tocar y cantar. No se parece a nada ni nadie porque él era natural.

Foto: C.F.
Foto: C.F.

-También tocaste con B.B. King

-Cuando me lo presentan, él vio un disco mío en mano y me dijo que si me había producido Tommy LiPuma debía ser bueno tocando. Luego se dio la posibilidad en Brasil, en el Metropolitan ante 5 mil personas. Estaba muy nervioso, me miró y sentí que me dijo “estamos tranquilos”. Al final tocamos cinco temas, me tomó de la mano, me llevó hacia adelante para que ambos saludemos al público y lloré. Finalmente me dice que fui  “sincero” al tocar y eso fue muy importante para mí.

-¿Qué opinas de la actualidad?

-Me duele mucho la grieta de desunión y la cosa tan política, que está por encima de la música y del arte. No todo es malo y no todo el tiempo hay que hablar de eso. Hoy no hay programas de televisión para tocar y cuando el músico no se puede mostrar por falta de oportunidades se hace difícil. El último fue el de Alberto Badía. También me duele cuando en un lugar te exigen que cubras una cierta cantidad de entradas y, si a eso le sumas el taxi, salís perdiendo. Pero cuando hay vocación y la necesidad de hacerlo, se sale para adelante. Porque primero está la música y uno se desarrolla al tocar con otra gente.

-Siendo autodidacta, ¿tuviste algún choque o roce con la academia?

-Lo que importa es lo que suena. Es como al hablar, están los que piensan antes de hacerlo y los que son espontáneos. Lo importante es que sea verdad y lo que suena, no tiene que haber confrontación. No tengo competencia con eso porque lo que importa sale de los parlantes.

-Compraste tu primera guitarra a los 27. ¿Ahora las prestas?

-Me las prestaban en Monte Grande por una hora y siempre las devolvía al día siguiente. Hoy en día por supuesto que las presto porque el instrumento es uno. Toqué con un montón de violas de distintos sonidos y la verdad es que soy más de cuidar las guitarras ajenas que las propias. Las mías siempre están ahí para tocar y me pongo contento cuando las usan, como en reuniones en casa. Ahí pasa a ser una fiesta. Cuando no las tocan se ponen tristes.

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