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-Alerta, alerta, vecino y vecina de Vicente López.

El hombre que habla tiene un megáfono. Su voz hace que las personas que disfrutan del día soleado en el vial costero paren a mirar. Y cuando logra llamar la atención de familias y ciclistas que pasean, vuelve a decir: “Atención: se están robando la costa y quieren destruir el arroyo Raggio”.

Es un integrante de la asamblea Unidos por el Río. Los de la organización están reunidos al lado del puente peatonal naranja que divide la Ciudad con el municipio: denuncian el avance de máquinas excavadoras sobre el último arroyo de aguas cristalinas del partido. Explican que en el lugar quieren talar los árboles para construir un amarradero privado y sumar otro negociado inmobiliario en la zona. “La gran pregunta: ¿estamos a tiempo de frenarlo?”, se cuestiona el hombre.

“Se están robando la costa y quieren destruir el arroyo Raggio”

El arroyo contiene aguas pluviales y a su alrededor se ha formado una selva en galería. Hay distintas especies de plantas que algunos especialistas saben diferenciar: ceibo, sauce criollo, curupí. Pero las topadoras ya tiraron abajo parte de la vegetación de la ribera. Y en el lugar, también se levantó una pared de ladrillos de 300 metros a lo largo de la orilla bonaerense. “Este es el muro de la vergüenza para tapar lo que están haciendo”, señala el del megáfono.

El Círculo de la Policía Federal (CPF) se encuentra a pocos metros del nacimiento del Raggio. En 2015, el CPF publicó en su página web que firmaba un convenio con el gobierno de la Ciudad de Buenos Aires en el que le cedía un espacio para “permitir la apertura de una calle de interconexión con una rotonda del vial costero del Río de la Plata”. En compensación, la policía recibió los terrenos del arroyo. En la publicación explica el acuerdo que alcanzaron: “Desmalezamiento y parquización del área, construcción de un canal con salida hacía el Río de la Plata, mediante el dragado a seis metros de profundidad y ensanchamiento del arroyo a 25 metros de diámetro. Habilitar el canal para todo tipo de embarcación deportiva, construir una guardería en el predio para uso exclusivo de los asociados y otra guardería hacia el lado de la provincia de Buenos Aires para locación a usuarios no socios”.

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La marca de las máquinas que desmalezaron los alrededores del arroyo.

“Obvio que son políticas sociales para hacernos más felices. Hay un problema muy grande para la Nación: no hay amarraderos para yates. Entonces la idea es destruir los árboles y el oxígeno porque se ve que hay mucho verde en nuestro municipio”, sigue el hombre del megáfono. A pocos metros suyo, un cartel sostenido por piedras para que no se vuele, explica porque habla sobre eso. Según la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, en el partido debería haber 10 metros cuadrados de espacio verde por habitante. La cartulina azul en el piso muestra cuánto hay en Vicente López: 0,81 metros.

Los que conforman la Asamblea Unidos por el Río se sientan en una ronda en la entrada del puente peatonal. Desde allí, se pueden ver las torres de cemento de Al Río SA, otra construcción privada que llenó más de gris la costa del partido. Además, en ese lugar avanza la edificación de un shopping a cargo de la empresa propietaria de los terrenos, Ribera Desarrollo. “Hay que entender que uno de los peores enemigos es nuestra propia cabeza- dice una persona y señala a los edificios-. Tenemos que sacarnos de la mente que eso es el concepto de progreso”. Todos concuerdan. Una señora agrega que el levantamiento de un amarradero es para que “la gente vaya con su yate o su lancha de compras”. Encuentran otro punto en el que todos están de acuerdo: “La naturaleza es la casa de todos y no se negocia”.

Una persona ve a un pato que nada por el arroyo e interrumpe la reunión para avisarle a los demás. Todos se paran y se acercan hasta la costa para ver. Hacen silencio. “Y nos quieren sacar esto”, se escucha murmurar a alguien. Esa no es la única vez que paran de debatir. Minutos después, llegan tres adolescentes con esquejes de árboles que van a plantar en el camino que hicieron las topadoras, donde quedaron dibujadas las ruedas. Buscan que el Raggio sea todo verde nuevamente. Esa es una buena idea que funciona como disparador para la asamblea. Deciden que el próximo sábado a las 16 volverán al lugar para hacer una plantada y también tirar bombas de semillas. Además, el jueves irán hasta el Concejo Deliberante para realizar un pedido formal a los bloques del legislativo sobre la situación del canal.

Los integrantes de Unidos por el Río recuerdan las victorias que lograron: que el vial costero no sea una autopista hasta San Isidro, que sea peatonal los fines de semana y feriados, que terminen los cacheos ilegales antes de entrar al paseo. Ahora, bromean mientras buscan la manera de derribar el muro. Pero hablan en serio cuando piensan en tomar acciones legales. Aunque un hombre reconoce que del lado de los grupos empresariales “siempre están los mejores abogados”. E instantáneamente un vecino lo interrumpe sonriente: “Muchas batallas las ganamos”.

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