El traductor del clásico “Ulises”, un vecino de Florida

El traductor del clásico “Ulises”, un vecino de Florida

Lucas Petersen presenta su libro "El Traductor de Ulises" en la Biblioteca Sudestada. Biografía de un hombre común invisibilizado por la historia, pero clave en la literatura contemporánea.

Compartir

Lucas Petersen es periodista, pero sobre todo es curioso. Ese afán por saber lo llevó a una pregunta que nadie se había hecho ¿Quién era el hombre que tradujo por primera vez el clásico libro de James Joyce, Ulises?

Desde el momento en que googleó su nombre por primera vez con la intención de empezar a recopilar datos y el momento en que salió el libro, pasaron más de seis años.

Mañana viernes, El Traductor de Ulises de la editorial Sudamericana, se presenta en la Biblioteca Sudestada de Florida, a las 19 30. Y la cita no es casual. Salas Subirat, el flamante traductor del clásico de la literatura, fue un vecino de Vicente López y Florida fue sin dudas “su lugar en el mundo”.

lucas-1

 ¿Cómo se te ocurrió el libro? ¿por qué escribir sobre un traductor?

El libro se me ocurrió al tener conocimiento (muy básico, apenas algunos datos dispersos) sobre qué extraño personaje había sido el primer traductor de Ulises al castellano, lo que de por sí era una gesta intelectual. Se sabía que era un vendedor de seguros, que había escrito libros de seguros y de autoayuda, y muy pocos datos más. Cuando busqué en internet, ni siquiera aparecía una foto. Ese misterio hizo que me picara la curiosidad y una especie de necesidad de tratar de recuperar esa historia mientras fuese posible. No es estrictamente un traductor, porque no era un traductor profesional, ni siquiera tradujo muchos libros. Pero sí tradujo uno muy importante y eso le aseguró un lugar en la historia de la literatura en castellano. Por eso, es relativo lo de escribir sobre un traductor: lo recordamos por haber traducido Ulises, pero su historia de vida permite contar un montón de cosas más, como el ascenso social de la primera generación hija de inmigrantes, la escena cultural argentina de la primera mitad del siglo XX, algunas otras tensiones históricas, la épica del autodidacta, que parte de una situación de carencia en su formación y poco a poco, trabajosamente, se va haciendo a sí mismo como intelectual. De todas formas, Salas Subirat es un símbolo entre los traductores argentinos, por lo que contar su vida intenta ser también una forma de reconocimiento a esa tarea tan silenciosa, tan desprotegida desde el punto de vista laboral, que sin embargo es crucial en toda cultura, sobre todo en una como la nuestra.

¿Es posible leer el libro sin haber leído el Ulises de Joyce?

-Tengo la impresión (y alguna gente me lo confirma) que no es para nada necesario haber leído Ulises para leer el libro. El traductor del Ulises es básicamente una historia de vida, la de un tipo común que hizo y vivió no pocas cosas extraordinarias que lo convirtieron en una persona increíble, absolutamente inclasificable. Obviamente, a Salas Subirat lo recordamos porque tradujo la obra de Joyce. Por eso el proceso de traducción tiene un espacio importante en el libro. Pero no es para nada una condición. De hecho, traté de contar ese proceso heroico de la manera más sencilla posible, tratando de transmitirle a un lector que no leyó a Joyce la enormidad de dificultades que tuvo que afrontar Salas Subirat para hacerlo. Creo que hasta puede ser una ventana a un mundo, el de la traducción, al que un lector recreativo no siempre le presta atención. De última, es posible atravesar esas páginas medio en diagonal, por arriba, porque el corazón del libro está en contar la totalidad de la vida de Salas Subirat, que hico mil cosas más que traducir Ulises.

¿Cómo describirías a Salas Subirat? 

Un dato central, para mí, es que es un hijo de la inmigración. De familia humilde y numerosa, tuvo que abandonar la escuela y ponerse a trabajar cuando era casi un niño. A lo que jamás renunció fue a la lectura y al afán de conocimiento. Era un lector voraz y ecléctico (leía todo lo que le llegaba a las manos); era un escritor menor, que publicó novelas, ensayos y poesía entre los 20 y los 40; era un hombre con ideas progresistas (diríamos hoy), de centroizquierda, pero no comprometido desde un punto de vista militante; era un laburante como cualquier otro, que nunca pareció interesarse demasiado en ser un intelectual profesional, que trabajó como empleado administrativo en muchos lugares, especialmente en el campo de los seguros, donde sus libros se constituyeron en verdaderos clásicos… En fin, es una personalidad muy singular, porque desde cierto punto de vista es un tipo de clase media común y corriente y, desde otro, es un personaje extraordinario, excéntrico, que se desmarca claramente de esa medianía pequeñoburguesa.

¿Cuál es la relación con su barrio, Florida?

Él nació y vivió su adolescencia y juventud en San Cristóbal y Constitución, pero no creo estar errado si digo que Florida fue su lugar en el mundo. De allí era su mujer, Íside, hija de quinteros italianos cuando Florida era una zona de quintas. En Florida, Salas realizó su pequeña utopía de la casa propia y la estabilidad familiar. Cuando se casaron, se instalaron en Juan B. Justo y Caxaraville (hoy, Hipólito Yrigoyen), mientras construían la casa propia, en Juan B. Justo 1674. Esa casa, remodelada y con un muro agregado sobre la línea de edificación, todavía existe. De Florida venía en el Ferrocarril Mitre todos los días a trabajar al centro, a La Continental, mientras devoraba toneladas de literatura. En algún momento, en el tren empezó a leer y traducir Ulises. En Florida Salas tuvo también, en los años 30, una fábrica de juguetes, los Chaminú. Y conoció a algunas personas que fueron muy importantes en su vida pública, como Domingo Landolfi, el dueño de la editorial Américalee.

 

 

 

Dejar una respuesta