Las vidas que se llevaron las balas policiales en Zona Norte

Las vidas que se llevaron las balas policiales en Zona Norte

Por primera vez, la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) presenta su informe sobre víctimas de la represión estatal en el norte y noroeste del conurbano. Nombres e historias de seres queridos convertidos en pancarta y la ardua tarea de registrar, visibilizar y luchar por Justicia.

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Uno por uno, los nombres de las víctimas de la violencia policial en la región.
Uno por uno, los nombres de las víctimas de la violencia policial en la región.

Largas guirnaldas con rostros blancos de papel delimitan una porción de la plaza de El Talar, en Tigre. En cada rostro, un nombre: Micaela Fernández, Sonia Colman, Cristian Bogado, Rodrigo Corzo y tantos más. Son los nombres de las casi 400 víctimas asesinadas o desaparecidas por responsabilidad de las fuerzas de seguridad en las zonas norte y noroeste del conurbano, según el relevamiento que hace dos décadas realiza la Coordinadora Contra la Represión Policial e Institucional (CORREPI) y que por primera vez se presentó el sábado en la región.

El accionar represivo del COT, parodiado.
El accionar represivo del COT, parodiado.

El encuentro comenzó con una obra de Teatro del Oprimido, con actores de Correpi. Sobre un cuadrilátero de tierra convertido en escenario, dos agentes del Centro de Operaciones Tigre (COT) detienen a una joven, le plantan pruebas, la acusan por portación de rostro y rastas, amedrentan a quienes filman o sacan fotos, invocan a la ministra de Seguridad Patricia Bullrich y su protocolo, y un largo etcétera de situaciones que pintan un cuadro perfecto de violencia institucional parodiada.

“El objetivo es apelar al humor para que sea una vía de entrada para el debate”, aclara Marcos, uno de los actores, al ponerse serio después de los aplausos. Y cuenta que hasta hace poco el personaje del policía que protagonizaba la obra se llamaba “Sosa”. Pero que lo cambiaron por “Gómez” a partir de la reaparición de un Sosa represor fuera de la ficción: Héctor Eusebio Sosa, asesino de Víctor “Frente” Vital –considerado el santo de los pibes chorros- y de otros dos jóvenes, fue identificado en el video que se viralizó mostrando la agresión del COT a un repartidor de harina, que tras una discusión de tránsito con los agentes terminó con una herida en la cabeza y un tobillo quebrado. “No nos hace gracia estar nombrando a un asesino del Estado”, explica el actor sobre el cambio de  apellido del personaje.

A unos metros, el repartidor agredido aplaude: José Ojeda, con muletas y un pie enyesado, se presentará esta semana como particular damnificado en la causa contra Sosa, quien según anunció el Municipio fue removido de su puesto en el COT, como antes se dijo –y no se hizo- que fue corrido de la Policía Bonaerense. “Tantas veces nos dijeron que lo habían exonerado… la última fue en 2007”, recuerda María del Carmen Verdú, referente de Correpi, en diálogo con este medio. “No te imaginás lo que sentí cuando lo reconocí en el video”, dice. Si esas imágenes no hubieran circulado y generado un repudio masivo, probablemente Sosa seguiría como inspector del COT y la única causa abierta sería la que acusa a Ojeda y a quienes lo defendieron por resistencia a la autoridad.

FAMILIARES QUE SON PANCARTA

Rosa Duarte lleva una foto descolorida colgada al cuello. Pasaron demasiados años desde el asesinato por “gatillo fácil” de su hijo y dos amigos, todos menores, en una esquina tigrense. Desde entonces, en los ’90, lucha contra la violencia policial e institucional. Y denuncia que en represalia la policía de General Pacheco le armó una causa a su nieto. Antes de pasarle la posta a otro familiar para contar su historia, un poeta comparte sus “poesías antirrepresivas”. “Si sos trava es contravención / si sos gorda es enfermedad / si sos pobre es culpabilidad”, recita.

Y el desfile de hombres y mujeres con seres queridos convertidos en pancarta y remera sigue. Habla Micaela Corzo, hermana de Rodrigo, asesinado de un balazo en la espalda cuando iba a buscar a su novia, por parte de un agente del Comando de Patrullas de Hurlingham. “En ese momento nos mataron en vida pero también nos marcaron el camino. Nos pusimos en pie por los que estuvieron antes que Rodrigo, por Rodrigo y por los que vinieron después”, dice y alza la voz, para ganarle a los bombos de la “marcha por Jesús” que circula a pocos metros.

“Cuando nos matan al ser amado, podemos quedarnos llorando en casa o salir a la calle y luchar contra el gatillo fácil y el aparato represivo del Estado”

Antonio Spasa cuenta sobre la bala policial que le arrebató a su esposa y le arruinó para siempre la Navidad. Un día antes de la Nochebuena de 2007, el teniente Oscar Benítez perseguía en Del Viso a dos jóvenes que habían robado una billetera con 80 pesos. Se bajó del patrullero y tiró con una Itaka 12/70 cargada con cartuchos de plomo: uno de los perdigones le dio a Sonia en el corazón. Tomó cuatro años llevar al asesino al banquillo de los acusados. Finalmente, el policía murió en prisión. “Cuando nos matan al ser amado, podemos quedarnos llorando en nuestras casas o salir a la calle, hacernos militantes y luchar contra el gatillo fácil y el aparato represivo del Estado”, dice Antonio y se gana los aplausos.

Después de otra tanda de poesías antirrepresivas, trabajadores de Zona Norte aportan lo suyo en la lucha contra la violencia institucional y policial en la región. Desde Suteba Tigre cuentan que los pibes pobres que pueblan sus aulas son los más estigmatizados y perseguidos por las fuerzas de seguridad. Un delegado del Frigorífico Rioplatense recuerda la lucha de los choferes de la línea 60 el año pasado, como ejemplo de la represión que tiene a los trabajadores como blanco. El Argentino ZN también participa del encuentro, porque visibilizar casos como el de José Ojeda, Rodrigo Corzo, Sonia Colman y la larga lista de nombres que completa las guirnaldas forma parte del desafío.

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